Homicida: día del Sida. Pobre José del Barrio. Pobre José… – 1 de diciembre 2020

Que historia tremenda su historia. José del Barrio tiene encima y carga sobre su espalda los dos virus más terribles del fin de siglo. El virus del VIH y el virus de la desocupación. Así de terrible.
Son como dos grandes terremotos en la vida de José del Barrio que hasta no hace mucho era una vida sencilla, de luchas y alegrías como la de cualquier obrero gráfico.
José hacía 12 años que trabajaba en el taller de esa editorial. Diarios, revistas, afiches, el olor a tinta, el ruido de las máquinas, la guillotina que corta el papel, la pausa del mediodía para comprar 100 de mortadela, 100 de queso, dos panes y una Coca familiar.
La vida de José del Barrio tenía su eje de dignidad y orgullo en el trabajo. José conocía como pocos el arte de la impresión. Hacía chistes: “Yo siempre causo buena impresión”. Durante los almuerzos, cuando sus compañeros sentados en la vereda del sol lo elogiaban, el hacía una pausa y con tono canchero decía: “Y… son años”. Esa especie de sensibilidad para saber la medida exacta de la tinta, ese tacto increíble que calculaba el gramaje del papel con solo acariciarlo un instante:” Y es oficio”, repetía José orgulloso de su orgullo.
Un día maldito José se hizo un examen de rutina y apareció el virus. Se quedó frío. Paralizado. Inmediatamente se acordó de ese fin de semana que pasó en el Tigre con Alberto, meta y ponga, cargados de pasión y besos. Inmediatamente se acordó también de cuando ambos se reían como chicos traviesos cuando en realidad estaban merodeado el suicido: ninguna usaba forro. Ninguno se cuidaba. Se sentían felices e invencibles. Estaban tan enamorados que decían que nada les podía pasar. La soberbia y la omnipotencia de la edad los había traicionado con un puñal en la espalda.
Aquel día cuando recibió el resultado, José del Barrio lloró como un chico. Se odiaba, se maldecía, se preguntaba cómo había podido ser tan boludo.
Lo más grave fue lo de un médico hijo de mala madre, uno de los pocos que existen. Delante de su jefe en la imprenta le dijo que estaba infectado por el virus del SIDA. Y ahí mismo empezó su lucha por la vida y contra la muerte civil.
Silenciosamente la discriminación se agazapó para el tiro del final. En forma sigilosa, los dueños de la editorial le fueron otorgando licencias una y otra vez a José de Barrio. Lo fueron marginando de su trabajo, del eje alrededor del cual giraba su vida y su orgullo. Un día lo echaron como a un perro. No le permitieron sentir nunca más el aroma de la tinta ni el gramaje del papel, ni el viento de la guillotina cuando baja veloz implacable. En pocos días se olvidó de ese ruido estremecedor de las máquinas cuando escupen diarios por miles.
José soñaba con la reincorporación. Presentaba los certificados del alta médica que le habían dado los infectólogos que lo trataban, pero… nada. Por hache o por be, José del Barrio nunca pudo volver a trabajar.
La empresa pagó con gusto la indemnización legal pero condenó a José al destierro. A la muerte civil. A ser un desocupado, un desaparecido de estos tiempos. Si el trabajo dignifica, la desocupación deprime e invisibiliza.
Se buscó un abogado del barrio y se enteró que en agosto de 1995, el juzgado nacional de primera instancia en lo civil Nro 43 a cargo del juez Roberto Beatti dictó sentencia favorable en un caso muy parecido al de él. Aquella fue la primera sentencia que en la Argentina reconoció una indemnización por daño moral y discriminación. El fallo del juez Roberto Beatti fue un fallo que dignificó al ser humano. En sus fundamentos considera que la discriminación es un daño a la integridad humana. Dice, sabio, que el daño provocado por el aislamiento y la marginación repercute directamente en el estado inmunológico de la persona discriminada. El magistrado no tuvo vergüenza en meterse con los sentimientos, con los dolores del alma. Dijo en su escrito que “semejante castigo, a José le provocó padecimientos, una lesión a sus afecciones íntimas, dolor, y angustias sobre la posibilidad de encontrar otro empleo.
Ya pasó mucho tiempo de aquel fallo ejemplar. Y la ignorancia, el prejuicio y la desinformación siguen siendo enemigos letales, a veces, más destructivos que el sida homicida.
El arma contra esa discriminación la tenemos los docentes, los curas, los periodistas, los artistas, todos los que tenemos un lugar para comunicarnos, un púlpito desde donde hablar y dar información. Esa arma es la que estoy disparando ahora. Tiro data, precisiones que destruyen prejuicios y fantasmas. Para eso también sirve el periodismo. Para dinamitar la ignorancia. Para informar y formar. Porque el que ignora, además de ignorante, discrimina lo que no conoce. Teme al vacío y a lo desconocido. La información rigurosa es el arma más poderosa que tenemos en la lucha contra el SIDA. Y se lo digo hoy que es el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA.
La pandemia de coronavirus ha ocasionado una interrupción en muchos de los controles médicos que deben realizarse con frecuencia, y esto incluye a quienes viven con VIH. En ese sentido, el esfuerzo por mantener a las personas con su tratamiento antirretroviral y con cargas virales no detectables, y volver a los controles habituales, es una tarea que todos los sistemas de salud tienen que garantizar.
Según datos del Ministerio de la Salud de la Nación -diciembre 2019-, hay 139 mil personas que viven con VIH y, aproximadamente el 17% de este grupo desconoce su diagnóstico.
Está comprobado que la ametralladora informativa sirve para asesinar al virus asesino. Es así: más información menos casos.
Por eso creo que hay que decir con todas las letras y con el lenguaje de la calle que a esta altura de la muerte no se puede ser tan forro de no usar forro. Le estoy hablando del preservativo, del profiláctico o como usted prefiera llamarlo. Y que los que tienen el drama de ser drogadictos no deben aumentar su riesgo de muerte compartiendo jeringas o agujas.
Le doy algunos datos duros.
Si bien no existe cura para el VIH, existe un tratamiento llamado Tratamiento Antirretroviral Altamente Activo que consiste en una combinación de diferentes medicamentos que cumplen distintas funciones. Se conoce también como “cóctel” debido a la gran cantidad de pastillas diferentes que se requerían al inicio de la epidemia. Con el tiempo y gracias a la investigación, estos tratamientos se fueron simplificando y actualmente contamos con esquemas con muchos menos comprimidos, muy efectivos y seguros. Inclusive, una pastilla por día puede combinar varios fármacos con mejor eficacia que los primeros cócteles.
El tratamiento evita la replicación del VIH. No cura la infección, pero evita que el virus se multiplique y que destruya las defensas del cuerpo. El tratamiento es crónico, es decir que una vez que se empieza es necesario tomarlo todos los días, toda la vida. Si el tratamiento se mantiene de forma correcta en el tiempo, las personas con VIH tienen una calidad y expectativa de vida similar a quienes no tienen el virus.
Deben saber que el test es rápido y gratis. En 20 minutos te dan el resultado. Y que la educación sexual en los colegios y en las familias es fundamental. El virus se ensaña con las defensas del organismo. Y 1.500 personas por año mueren de enfermedades relacionadas con el SIDA. Todo eso hay que saber. Y que tomar mate no contagia. Ni besarse ni compartir la pileta de natación o el banco de la escuela. Ni la picadura de un mosquito. Hay que terminar con el estigma. Con tres pastillas por día el enfermo puede mantener una vida absolutamente normal y formar pareja como cualquier hijo de vecino.
La ciencia ya pudo controlar el virus y detener la expansión de la epidemia. Pero todavía los genios están trabajando para concretar el sueño de la vacuna preventiva como la que liquidó la polio o la viruela. Falta poco pero todavía falta. Cuando llegue ese día José del Barrio será reivindicado después de tanto sufrimiento. Hace muchos años hubo una campaña que me pareció de las mejores y que ahora me sirve para rematar esta columna. Era un aviso a toda página del diario que decía: “hoy es el día del niño. El día del padre. El día del maestro. El día del locutor. El día del tío. El día de la abuela, el día del dentista, el día del almacenero. El día del inmigrante. Y así seguía. Hasta que al final decía: 1ro de diciembre. Día Mundial de la Lucha contra el Sida.
Hoy es tu día.

Derrota judicial para Cristina y Alberto – 30 de noviembre 2020

Acaba de sonar un tiro para el lado de la justicia. Especialmente Cristina, pero también Alberto, las dos máximas autoridades argentinas, han recibido un revés de la Cámara de Casación que mantiene vivita y coleando la causa de corrupción de estado más grave de la historia democrática. Varios ex funcionarios de Cristina y ella misma venían insistiendo con varios planteos para que se declarara inconstitucional la ley del arrepentido, o del imputado colaborador. ¿Qué decían? Que los testimonios que se les tomaron a 31 testigos arrepentidos no eran válidos porque no había constancia audiovisual. ¿Qué pretendían? Que se anularan esas valiosas declaraciones y que el juicio contra Cristina se cayera como un piano. Era la búsqueda de la impunidad para un sistema de recolección de coimas y de sobre precios que enriqueció en forma colosal al matrimonio Kirchner y a sus principales ministros y colaboradores. Es la causa popularmente conocida como la de “Los cuadernos de las coimas” que reveló el prestigioso colega Diego Cabot y que llevaron adelante el juez Claudio Bonadío y los fiscales Carlos Stornelli y Carlos Rívolo.
¿Qué pasó finalmente? La sala I de la Cámara de Casación por dos votos contra uno, resolvió que esas declaraciones tan útiles, son absolutamente válidas. Están asentadas en actas por escrito, en forma tradicional y llevan la firma, de los arrepentidos y de sus abogados, certificando la legalidad de los procedimientos. Más seguro, imposible. Las apelaciones fueron manotazos de ahogado de los cristinistas millonarios. Era una forma de presionar al tribunal para que favoreciera a Cristina, El único voto para la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero lo perdió varias veces, fue de la doctora Ana María Figueroa, conocida militante que tiene la camiseta de Cristina puesta. Los dos votos restantes, a cargo de los doctores Daniel Petrone y Diego Barroetaveña, no aceptaron los argumentos de los acusados y apoyaron las decisiones del fiscal de Casación, Raúl Plee y de la fiscal Fabiana León.
El fallo es un trago muy amargo para Cristina. Pero también para el presidente Alberto Fernández que cometió la torpeza y la falta de ética de opinar sobre una causa en curso. Alberto violó la división de poderes cuando quiso direccionar la decisión de los jueces. Dijo en una entrevista que los testimonios de los arrepentidos fueron instrumentos para perseguir y extorsionar a opositores y para comprar y vender esas declaraciones. Una vergüenza. Una injerencia que no corresponde que ahora es un verdadero papelón (uno más y van…) del jefe de estado y de su jefa política. No pudieron torcer la voluntad de dos magistrados independientes y eso que lo intentaron públicamente.
Es una gran noticia para los que creemos en la independencia de los poderes. Porque si el fallo hubiera dinamitado los testimonios, la señal hubiera sido demoledora para aquellos que todavía quieren y sueñan con que los delincuentes paguen por lo que hicieron. Es simple: en toda sociedad democrática y republicana debe haber juicio, castigo y condena a los que violan la ley. No debe haber coronita ni privilegios para nadie. Ni siquiera para la reina y su príncipe heredero. La monarquía no es un sistema que hayamos adoptado los argentinos. Por lo menos por ahora.
¿Esto hace que Cristina y sus secuaces vayan a la cárcel en un corto plazo? De ninguna manera. Falta mucho todavía en el juicio. Pero permite que el juicio siga y que los arrepentidos no se sientan traicionados y no teman por su vida. Además, este fue uno y solo uno de los mecanismos que Cristina puso en marcha para lograr sus objetivos de impunidad y venganza. Hay varios avances cristinistas que siguen en pié y con mejor pronóstico. Por eso la ciudadanía, los opositores y el periodismo independiente no deben bajar la guardia y mantenerse alertas.
Hay que quebrar la omertá de los mafiosos. La ley del silencio del código de honor siciliano que prohíbe informar sobre actividades delictivas. Todos saben que esa actitud de ortiva o de buchón entre los malandras nacionales se castiga con la muerte. El que canta, no cuenta más el cuento.
Los que primero intentaron voltear las declaraciones de los arrepentidos y después liquidar la causa fueron Gerardo Ferreyra, Juan Lascurain y Julio de Vido. Todos estuvieron involucrados en el plan sistemático de corrupción de estado más grande de la historia democrática. La metodología era muy sencilla y fue escrita en sus cuadernos, dia por día, hora por hora, por Oscar Centeno, el chofer de Roberto Baratta, el recaudador en jefe. El gerente de sobreprecios y coimas era Julio de Vido y su mano derecha José López. Durante casi una década, con Néstor y Cristina como jefes de esa asociación ilícita, robaron montañas de dinero sucio. Los empresarios proveedores de las obras públicas le ponían altos sobre precios a sus contratos y ese dinero luego, en forma de coima, se lo entregaban a Baratta que pasaba a buscarlo con bolsos, mochilas y valijas que desbordaban de billetes. Ese dinero robado el pueblo iba a parar al departamento donde ahora sigue viviendo Cristina en plena Recoleta. Lo recibían los secretarios privados que murieron millonarios con fortunas inexplicables: Daniel Muñoz y Fabián Gutiérrez. Uno de los funcionarios de mayor confianza de los Kirchner, el que fue el jefe de la embajada paralela en Venezuela, Claudio Uberti confesó que una noche vio bolsos con aproximadamente 70 millones de dólares en el dormitorio del matrimonio. José López denunció que los 9 millones de dólares que llevó de madrugada a falso monasterio se lo había entregado un secretario de Cristina. Y se quebró en llanto al expresar su temor de que lo maten. “Cristina es muy vengativa”, dijo entre sollozos.
Eran de tanta magnitud los montos robados que eran trasladados a Río Gallegos en el avión presidencial, dato corroborado por el piloto. La policía jamás revisaba esos bolsos que iban a parar a la casa de María Ostoic, la madre de Néstor. Casi todos los empresarios vinculados a la obra pública pagaron coimas. Muy pocos se negaron a ser cómplices de semejante estafa. Con la excusa de que si no cometían esos delitos, tenían que cerrar las empresas y dejar muchos desocupados, fueron alegres partícipes de esas trampas de estado. Se sabe que para las coimas, igual que para bailar el tango, hacen falta dos. Y le recuerdo que las coimas no la ponían de su bolsillo. No la sacaban de su ganancia. Eran productos de los sobre precios. Por eso muchos de los empresarios estaban tan interesados en que se cayera la causa como la familia Kirchner y sus secuaces.
Cristina, que está procesada en esta causa que está enviada a juicio oral, dijo que todo esto era “cinematográfico”. Puede ser. Una película de terror. Un policial negro y repugnante que no admite que no admite ningún tipo de diálogo ni negociación. Lo único que puede poner nuevamente de pie la confianza social en la democracia es que no haya borrón y cuenta nueva como sugieren algunos. Ni indulto ni amnistía. Insisto con el tema. Solo la verdad, el juicio, el castigo y la condena podrán convertirse en los cimientos de un nuevo país con más libertades y honradez, con más igualdad y menos pobreza.
Todos los caminos de la corrupción conducen a Cristina. Ningún gobierno democrático cometió tantos delitos por tanto dinero y por tanto tiempo. Las pruebas que hay en todos los expedientes son contundentes. Y sobre todo en la causa que debería ser conocida como la de “Los cuadernos de Cristina”.
El fiscal Carlos Stornelli, hizo un trabajo riguroso de 678 páginas que está repleto de medidas probatorias. Son 525 entre “oficios a organismos, informes de inteligencia, declaraciones testimoniales, pericias sobre computadoras o memorias telefónicas, allanamientos y lista de vuelos oficiales”, entre otras.
En esta causa, el juez Bonadío supo pedir prisión preventiva para Cristina en su momento, pero sus fueros como senadora por la minoría lo impidieron.
A Cristina se la acusa concretamente, de haber cobrado coimas en 40 oportunidades por un monto superior a los 19 millones de dólares.
Dice la presentación del fiscal Stornelli que en muchos casos utilizaban ese dinero para cometer nuevos delitos: como blanquear el dinero y comprar casas lujosas, aviones, yates y demás insumos del campo popular.
Esto es solo la punta del iceberg. La estafa de los pingüinos buitres al pueblo pobre de la patria tiene dimensiones atómicas.
Laura Alonso, ex titular de la Oficina Anticorrupción, dijo que los K, están en Olimpo junto a los mayores cleptócratas del mundo. Al lado del matrimonio dictatorial de Filipinas, Ferdinando e Imelda Marcos.
Suena insólito que gente que se dice tan antimperialista haya comprado muchas propiedades en Estados Unidos. Especialmente dos en el emblemático Plaza Hotel de New York, en la Quinta Avenida. Un solo departamento costó 13 millones de dólares y es de un lujo digno de un jeque patagónico. En ese lugar estuvieron los Rolling Stones, Los Beatles y celebridades como Truman Capote.
La fábrica de dinero ilegal que lideró Cristina le está generando mucha angustia y preocupación. Apostó fuerte a voltear la causa de los cuadernos pero hoy, dos jueces que le dijeron que no. Cristina y Alberto acaban de sufrir una fuerte derrota judicial. ¿Será Justicia?

Basta de violencia y femicidios – 27 de noviembre 2020

En los primeros 10 meses de este año se registraron 243 femicidios. Casi 20 casos más que el año pasado. Se quedaron sin madre 172 chicos. Le comento estas cifras del horror porque el miércoles fue el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Hace dos décadas que se recuerda a las hermanas Patricia, Minerva y María Teresa Mirabel que fueron asesinadas porque luchaban por la democracia y contra Trujillo, el feroz dictador de República Dominicana.
No debemos dejar pasar un solo día sin visibilizar la violencia de género. Hace un par de día hablamos con Milagros Mariona, la vocera de la sobrina de José Alperovich al que denunció por violación, abusos sexuales y sicológicos. Mariona nos contó que la Corte Suprema de Justicia todavía no resolvió si el caso debe juzgarse en Tucumán o en la Ciudad de Buenos Aires. No se que esperan. ¿Apostarán a la impunidad de Alperovich? No es una decisión tan complicada para tomar. Y es un caso emblemático. Porque es la denuncia por violencia sexual del victimario con el más alto poder de todos los denunciados. Alperovich fue tres veces gobernador de Tucumán, empresario millonario y además actualmente es senador por el cristinismo y tiene licencia.
Estos casos hay que investigarlos con la mayor velocidad posible. No se puede seguir re victimizando a la víctima.
La denuncia asegura que Alperovich cometió por lo menos, 7 casos de abuso sexual agravado y que dos ocurrieron en su departamento de Puerto Madero y los 5 restantes en la sede de campaña.
Esto no se puede demorar más. Hay un silencio demasiado parecido a complicidad o a búsqueda de impunidad.
A Alperovich lo podemos ubicar dentro de la categoría del “ladri feudalismo K”. Por algo, un sector amplio de los tucumanos lo bautizó como “El Zar”. El rechazo que provoca su figura lo llevó a salir cuarto en las últimas elecciones, detrás de Ricardo Bussi, el hijo del temible genocida.
Les pido a los oyentes que si hay chicos que están escuchando los alejan de la radio porque quiero relatar con toda la crudeza necesaria lo que víctima de 29 años dice que le hizo su tío segundo. En un fragmento de su texto, dice: “No quería que me besara. Lo hacía igual. No quería que me manoseara. Lo hacía igual. No quería que me penetrara. Lo hacía igual.”. Lo trata de monstruo y da detalles de cómo la violó en forma reiterada durante un año y medio. “El avasallamiento fue demoledor. Nunca lloré tanto en mi vida”, escribió la chica.
Una cosa que llama mucho la atención es el silencio de su polémica esposa, la zarina Beatriz Rojkés. El abogado Gustavo Morales, directamente exigió que se le quite la banca por “inhabilidad moral a Alperovich” Y en su momento, impulsó una nueva denuncia contra Beatriz Mirkin, la otra senadora por Tucumán que nada casualmente, es prima de Alperovich. La acusa de “encubrimiento agravado” porque cuando la denunciante de la violación sexual se lo contó y le pidió ayuda, Mirkin le dijo “que se la aguantara hasta después de las elecciones”. Mirkin que suele hacer alarde de sus posturas feministas y en contra de la violencia de género, calló y ocultó lo que le comunicaron y lo que es más grave todavía, le comentó en un bar de un shopping que “no le extrañaba lo que le contaba porque Alperovich ya había tenido actitudes similares con una anterior secretaria de ella. Alperovich tiene algunos antecedentes nefastos en su relación con las mujeres. Durante una entrevista con la periodista Carolina Servetto, se comportó agresivo, desafiante y en forma misógina. Le dijo: “Esta chica me encanta, es el perfil que a mí, me gusta. Sos una preciosura”. Eso fue en vivo, en pleno reportaje. Y ante la incomodidad y el enojo de la periodista, expresó: “No te sale ponerte en mala. No te sale, sabés. A mí, vos me haces acordar a mi señora”.
También tuvieron mucha cobertura mediática los rumores de una relación del Zar con Mariela Mirra, una joven que había ganado el reality Gran Hermano en el 2008. Le había dado un empleo pagado por el estado provincial pero cuando estalló el conflicto, intervino la Zarina y lo trató de abuelito a Alperovich y Mariela dejó de trabajar para Tucumán.
Hay que combatir a todos los golpeadores y violadores sin que importe la camiseta partidaria. Un par de muchachos de La Cámpora fueron acusados y la agrupación hizo todo para ocultar el tema, Lucas Carrasco fue condenado antes de morir a 9 años de prisión por violación, un profesor universitario ex integrante de 678 también fue señalado por varias alumnas y militantes K.
Ojalá el caso de Alperovich no corra la misma suerte y no traten de esconderlo bajo un manto de silencio.
Las consignas son claras.
Ni una menos. Ni una violada más.
Ni un violador más.
A ellas, vivas las queremos.
A ellos, presos los queremos.
Aumenta la condena social pero los femicidios no disminuyen. Son la expresión más inhumana del ser humano. Esta columna intenta ser un alerta y un aporte al combate contra semejante horror:
Pobre Marcela. Siente dolor, miedo y vergüenza. Tiene miedo de contarle a sus amigas y a su familia que Miguel, su esposo, la castiga brutalmente. Primero siente el dolor físico. Ese puño repugnante contra su cara. La sangre que no para. Las hematomas. El cinto como látigo sobre sus piernas. Después siente miedo que Miguel vuelva a enojarse aunque sabe que no importa lo que ella haga o diga: una vez por semana, él, la va a golpear. Marcela nunca le contó su drama a nadie. Solo hay dos personas en la tierra que lo saben. Miguelito, su hijo más grande que- pobrecito- un día se levantó para hacer pis a la madrugada o tal vez se despertó por los gritos y vio justo cuando él le pegaba una patada en la espalda.
El hijito entró en una crisis de llanto y no paró hasta el mediodía siguiente. En esa época tenía 9 años y él tampoco nunca preguntó ni dijo nada. Ya pasaron dos años y Marcela sabe que él sabe y él sabe que ella sabe. Hay miradas y lágrimas que nunca se olvidan. La otra persona que conoce esta tragedia es Esther. Ella es terapeuta de un servicio telefónico contra la violencia familiar. Un día Marcela encontró el teléfono en el diario y llamó. Decía que atendían las 24 horas y los 365 días del año. Se armó de coraje y llamó. Hace 9 meses que habla con Esther dos veces semana. Espera que Miguel se vaya al trabajo y llama. Llora, se confiesa, se cuestiona, se libera y se atormenta. Le hace bien hablar con la licenciada Esther. Nunca se vieron porque Marcela todavía no se anima a ir personalmente. No se anima a hacer la denuncia.
Tiene vergüenza de que su familia no le crea. De que sus amigas la desprecien de por vida. Es que siempre creyó que estas cosas terribles ocurrían en las villas miserias. Entre gente muy pobre y sin educación. Y ella no es así. Marcela es maestra jardinera. Dejó de trabajar cuando nació Mónica, su segunda hija. Vive en un departamento de tres ambientes en Almagro y a su esposo no le van tan mal las cosas.
El golpeador, el energúmeno es subgerente de un importante laboratorio y casi llega a los 93 mil pesos por mes. En ese aspecto no hay problemas. Viven más o menos bien. Sin lujos, pero a los chicos no les falta nada. El se transforma cuando se pone corbata y el maletín negro: es un caballero, un señorito inglés. Pero los fines de semana es el diablo. El whisky lo pone como loco. O porque se pone como loco es que toma whisky… nunca lo sabrá bien. Además, toma pastillas. El viernes a la noche ya está descontrolado. Pero Marcela siente que la cosa no va más. Está embarazada de dos meses y todavía no se lo dijo a Miguel. El viernes pasado casi se lo dice porque él le pegó en la panza.
Ya está cansada de mandar a los chicos a lo de sus padres o a lo de sus suegros durante el fin de semana. Ya está cansada de mentir diciendo que se cayó por la escalera, que un día resbaló, o de esconderse fingiendo que tiene depresiones los lunes y los martes hasta que se le vayan las marcas más visibles de los golpes. Ya está agotada. Pero tiene miedo que no le crean ni sus amigas ni su familia. Si hasta sus padres lo elogian: que trabajador es Miguel. Es un poco agresivo cuando se enoja pero es bueno. A vos nunca te falta nada. ¿No es así, Marcela? “Tuviste suerte con Miguel”, le dijo su propia madre. Marcela aceptó ir hoy a ver personalmente a Esther. Marcela se enterará de que hay miles y miles de mujeres golpeadas. Y que los hijos son los testigos más desprotegidos. Tal como le pasa a ella. Igualito.
Marcela tiene al golpeador en su casa. Lo tiene metido entre sus sábanas, en la cocina, en la mirada de su hijo Miguelito, que hace dos años entendió todo y no dijo una palabra. En la ausencia total de autoestima. En el pánico a empezar una vida sola porque no tiene trabajo. En los momentos más terribles, a la hora de descender a los infiernos, la pobre Marcela se llegó a preguntar si la culpable no era ella. Si no era ella la responsable de que ese dandy de maletín y celular se transformara en una especie de monstruo.
Hasta tanto llegó la humillación que ella, la víctima, llegó a dudar de su condición. Llegó a pensar que por su culpa él pasaba de ser un ángel a ser un demonio. Es que los domingos a la tarde él le pide perdón. Le dice que la quiere, le hace un regalito, le pide que la ayude, que ella es lo más importante que tiene en la vida y ella accede, no tiene otra salida y accede. La semana que viene se cumple un año del día en que Miguel le fracturó un brazo. Hoy Marcela le va a contar todo a Esther. Está decidida a pedir un abogado que la asesore y a hacer la denuncia. Sabe que no puede condenarse ella ni condenar a sus hijos a tener un padre golpeador. Está decidida a empezar de nuevo. Marcela está muy dolorida pero hay algo que aprendió para siempre. Sabe que está dando el paso más importante de su vida. Y es para salvarse de la muerte. Debemos unirnos en la exigencia de juicio, castigo y condena a los culpables. En cada esquina de este país deberíamos colgar un cartel que diga: “Basta. Nunca más un femicidio. No es no.