Abanderados 2019 – 13 de noviembre 2019

Le confieso que me siento intoxicado por tantas informaciones negativas. Todos los días estamos obligados a comentar y opinar sobre situaciones terribles de violencia, destrucción y muerte en Chile y en Bolivia. Todos los días la grieta que crece multiplica una realidad que nos satura con discusiones a muerte sobre todos los temas. Todos los días vemos cómo se van cayendo todas las investigaciones sobre la mega corrupción de estado K y la manera en la que se está incubando un plan de libertad a los presos corruptos y de impunidad para todos y todas con Cristina y Máximo en primer lugar. “Ojalá Máximo sea presidente”, dijo Alberto Fernández.
Por momentos parece un trabajo insalubre. Por eso, hoy más que nunca hay que abrir una ventana de aire fresco y de esperanza. Hablo de esos compatriotas argentinos que llevan bien alta todos los días la bandera de la solidaridad, del hacer el bien sin mirar a quien, de dar una mano sin pedir nada a cambio. Son los abanderados que todos los años tratamos de poner en un cuadro de honor desde este humilde espacio.
Por eso no me canso de repetir que Palito Ortega tiene razón. Tuvo la generosidad de componer esta canción en forma exclusiva para este programa que se llama “Le doy mi palabra”. El optimismo activo y solidario es uno de los cantantes más populares de todos los tiempos, sostiene que todos los días pasan cosas buenas pero que muchas veces la gente no se entera. Y es absolutamente cierto. A veces los periodistas, y lo digo autocríticamente, en nuestro afán de buscar la verdad, de denunciar al autoritarismo y la corrupción nos quedamos atrapados en una telaraña despreciable. Muchas veces siento repugnancia al comentar y criticar a los que protagonizaron el robo del siglo desde el estado. Es tan grande y tan extendida la estafa que produjo el gobierno más corrupto de la historia que por momentos se produce la falsa idea de que los argentinos somos todos iguales. Que en esta bendita tierra de trabajo y sacrificio solo existen los Lázaros, los Cristóbal y las Cristinas. Y no es así. De ninguna manera. La inmensa mayoría de nuestros hermanos argentinos son honrados y se rompen la espalda trabajando en forma pacífica y respetan las leyes y educan a sus hijos en la cultura del sacrificio y el progreso. Y muchos compatriotas se destacan en las artes, en las ciencias, en el deporte y se transforman en ejemplos que debemos seguir. Son espejos en donde nos tenemos que mirar para construir el país que queremos para nuestros hijos. Un país más sano, más seguro, más igualitario, sin violencia y con el máximo de libertad posible. Hay cientos de miles de ejemplo a lo largo y a lo ancho de la patria. Cada tanto dedicamos este espacio a iluminar a esas personas que debemos conocer. Es una luz de esperanza que pretendemos encender desde la radio y que nos ayuda a seguir empujando y a no bajar los brazos frente a los chantas, los ladrones, los golpistas y los patoteros que, por supuesto, seguiremos denunciando porque es nuestra obligación como periodistas independientes.
Se podría decir que hay argentinos que merecen la cárcel y que son minoría. Y hay compatriotas que merecen ser los abanderados de la Argentina que viene.
Ese es el maravilloso nombre de este proyecto llamado “Abanderados de la Argentina Solidaria” que trato de destacar, siempre que puedo.
Desde su debut, hace una década, más de 80 líderes sociales fueron reconocidos por su entrega cotidiana en las áreas educación, discapacidad, inclusión social, desarrollo comunitario, combate a la pobreza y salud.
Este año, como siempre, hay ocho candidatos seleccionados por un jurado de honor. Entre los integrantes está Eduardo Caride que fue un alto funcionario de Telefónica. Pero también es miembro del consejo asesor del Colegio Madre Teresa en Virreyes, y del consejo asesor de Educar2050.
Daniel Pomerantz es el director ejecutivo de la AMIA. Elena Cataldo Fleming es presidenta de la Fundación Equinoterapia de Salta y fue abanderada hace 6 años. Silvia Torres Carbonell es directora y profesora del Centro de Emprendedores del IAE y presidenta de la Fundación Rura 40. Luciano Ojea Quintana es el director nacional de Cáritas. Roby Souvirón es el fundador de la agencia de viajes Despegar.com e integrante del consejo directivo del Observatorio Argentino por la Educación y finalmente, Javier “El Pupi” Zanetti, un verdadero crack del fútbol argentino e italiano, hoy vicepresidente del Inter de Milan y creador de la fundación Pupi que ejercer una gigantesca solidaridad con los chicos que menos tienen.
Este es el jurado. Que analizó las trayectorias y los proyectos de cientos de postulantes. Es que somos un país rico en recursos naturales y también en recursos humanos. Todos podemos votar a través de la página web que es la siguiente: www.premioabanderados.com.ar. Allí podemos elegir a nuestro favorito según nuestro corazón y nuestras neuronas.
Yo todavía no decidí mi voto. Es que cada uno de los ocho candidatos tiene virtudes y valores extraordinarios.
Le cuento:
Anabella Albornoz. Tiene 41 años y encabeza la asociación civil “Suma de Voluntades”. Desde Paraná, Entre Ríos trabaja con voluntarios en los asentamientos más precarios y en los basurales más peligrosos. Atiende a aquellos hermanos argentinos que no tienen servicios básicos y en muchos casos comen de los desperdicios y viven en condiciones infrahumanas. Levantaron 3 comedores populares, formaron cooperativas para transformar la realidad y están cerca de 1.900 chicos para asegurar su escolaridad. Tienen un grupo que se llama “Los recicladores del Paraná” y otro “Construyendo dignidad”.
Andrea Casamento tiene 54 años. Su organización atiende a los familiares de los presos. Conoció a su esposo en la cárcel y ahora tienen un hijo de 12 años. Hay 85 mil personas privada de su libertad en el país y ellos tratan de conseguirle mejores condiciones de vida y capacitarlos para eso.
Juan Chalbaud tiene 32 años. En el departamento Maipu del Chaco desarrolla su actividad la asociación “Monte Adentro”. Su solidaridad se concentra en las poblaciones más alejadas y con mayores necesidades como Quitilipi o Tres Isletas. Han levantado talleres de oficios para que cada uno produzca y pueda vender lo que fabrica. Quieren evitar el desarraigo y al migración interna que tanto mal les hace a ellos y a todos.
Germán Laborda tiene 34 años. Atienen a las personas que tienen capacidades especiales y síndrome de Down. Su fundación se llama “Empate” y ayuda con deportes y despliegue de posibilidades artísticas. Desarrolla su sicomotricidad, para incluirlos laboralmente. Tiene una sede en San Francisco, Córdoba y otra en Lima, Peru.
Mariano Masciocchi tiene 42 años. Es médico y apunta a llevar salud, prevención y contención a niños y jóvenes. Empezó en una parroquia y su fundación se llama “¿Me regalás una hora? Trabajan con el otros médicos, nutricionistas, enfermeros y estudiantes. Se dedican a los chicos y jóvenes que están en situación de calle y tienen alrededor de 200 pacientes en 10 puntos de atención.
Margarita Medina tiene 52 años. Trabaja en Salta, Jujuy y Tucuman con su asociación llamada “Alas de Aguila”. Tienen 4 escuelas de liderazgos con 1.300 alumnos y talleres para transmitir valores y herramientas para procurarse una vida digna. Se llaman a si mismos, “sembradores de semillas” y apuntan a formar agentes de cambio. Tienen hasta un programa de radio de alcance mundial”.
Felicitas Melián tiene apenas 23 años. Su organización se llama “Cuerdas azules” y se refiere a los lazos solidarios para atender a chicos en hospitales o que han sido abandonados. Utilizan el baile, el canto y la alegría. Y una monja le enseñó que deben apadrinar a algunos de esos chicos. Tienen hogares de tránsito en el Área Metropolitana y 200 voluntarios.
Carlos Rais tiene 75 años. Su fundación Solatium Patagonia se encarga de los cuidados paliativos. Van a domicilio si es necesario para acompañar a la gente en sus últimos momentos. Estar a su lado hasta el día de su muerte aunque parezca mentira, les mejora la calidad de vida. Estan construyendo una sede llamada “Casa Betania” donde pueden atender todos los aspectos de ese drama. Desde la cuestión biomédica, hasta las psico sociales pasando por las espirituales.
Todos merecen ganar. Hay 700 mil pesos en premios. Es para multiplicar su extraordinaria apuesta para una sociedad mejor. Ya está abierta la votación en esta iniciativa de canal 13 que cuenta con el auspicio de la Fundación Noble y difunde y potencia las acciones desinteresadas de tantos ciudadanos anónimos que transforman la vida de miles y miles de ciudadanos también anónimos.
¿Se imagina lo que significa para estas personas que nos enorgullecen, encontrarse de golpe con tanto dinero para desarrollar y expandir sus proyectos? Es un empujón de esperanza.
Tiene razón Palito Ortega. Pasan cosas buenas. Y vamos a tratar de que la gente se entere.
Ellos nos inspiran. Son lo mejor de nosotros. Los que dan hasta que duela. Verdaderos héroes sociales. Ídolos con pies de acero. Abanderados de la Argentina Solidaria.

Pinky, la señora televisión – 12 de noviembre 2019

Esta columna la escribí ayer. Pero me obligué a postergarla porque pensé que periodísticamente, el estallido de Bolivia era ineludible.
La escribí ayer porque fue el cumpleaños de Lidia. Y le quise hacer un humilde homenaje. La historia de vida de Lidia es de las más increíbles y novelescas que yo conozca. Habría que hacer una miniserie para Netflix.
Lidia nació en San Justo, en el corazón de La Matanza. A los 12 años ya trabajaba en los talleres textiles. Era traviesa y desafiante. Tenía una belleza y una personalidad difícil de igualar. A los 15 años, sus padres la echaron de la casa. Pobre Lidia, encontró consuelo y refugio en la casa de una amiga del barrio: Ana Cohen.
A los 20 años debutó en la televisión y en poco tiempo se hizo muy famosa. Lidia Elsa Satragno pasó a ser Pinky. Y comenzó a formar una leyenda a la que se conoce como “La Señora Televisión”. A los 23 años estaba en la cima. Fue declarada la mujer del año y tuvo la posibilidad de cenar con el canciller alemán Konrad Adenauer y con el alcalde Willy Brandt en Alemania.
Pinky siempre fue una estrella por su rostro y su estampa incomparables y por su cerebro repleto de neuronas. A Juan Manuel Fangio, de chiquita, le regaló un trébol de 4 hojas para que tuviera suerte en las carreras. Fue en el club Huracán de San Justo que presidía su padre. Fangio era una gran promesa, pero todavía no había ganado ni uno de los 5 títulos de campeón de mundo que logró.
Pinky era modelo, presentadora publicitaria, locutora, conductora de radio y tele y actriz. Vale la pena ver “la Caída” en la que fue dirigida por Leopoldo Torres Nilson.
Pinky sufrió todos los males del mundo y también pudo disfrutar de todos los placeres y reconocimientos.
El romance con Paul Newman que la alentó para ser fuerte y ni siquiera pensar en un suicidio como se le había cruzado alguna vez por su cabeza. El galanteo de Antonhy Quinn o la romántica actitud de Omar Shariff. Nadie podía dejar de mirar y admirar a Pinky.
Era una diosa y una genia, como dirían hoy los muchachos.
Tuvo pérdidas brutales. Su hermana Noemí que falleció muy joven, su adorado hijo Leonardo que murió de cáncer a principio de este año y su gran amigo del alma, Héctor Ricardo García.
Además de Leonardo que le dejó de herencia dos nietos maravillosos como Isidoro y Miranda) también tuvo a Gastón con el Negro Raúl Lavié, con quien además de casarse tuvo uno de los amores más volcánicos de su existencia. En la actualidad, todavía se ven y se quieren.
Hoy comparte una residencia para personas mayores con otro de sus hermanos de la vida: Cacho Fontana. Y en su regreso a la televisión pública fue acompañada hasta que volvió al aire por su admirado y referente político, Rodolfo Terragno, actual embajador ante la Unesco. Hace poco tomó un cafecito en la casa de gobierno con el presidente Mauricio Macri a quien aprecia. Su tío Tonino decía que Pinky había tenido en brazos a Mauricio cuando era poco menos que un bebe. Es que los Macri eran de San Justo y todos se conocían. Sobre todo cuando Franco, maltratado y subestimado por su padre, se fue de su casa a trabajar como peón en las obras en construcción.
Ella siempre fue muy fuerte. Pero con una salud muy débil. Dice sin bromear que tuvo cáncer hasta en la oreja. Que tuvo que andar en silla de ruedas por un problema de motricidad y que cuando fue diputada nacional, se amargó tanto, la persiguieron tanto que hizo una trombosis y casi se muere.
Su paso por el Congreso lo define como “uno de los momentos más brillantes y podridos de su vida”. No quiso una jubilación de privilegio y se le fue tanto dinero para atender la fragilidad de su salud que tuvo que vender algunas obras de arte y recuerdos que tenía para poder pagar las cuentas. Tuvo tantas veces muy grave que Pinky suele definir su vida como “un ensayo general para la muerte”. La hermosa casa frente al Jardín Botánico quedó más vacía.
Siempre combatió y despreció a los autoritarios y por eso recuerda como “un día siniestro” cuando le tuvo que tomar juramento a Néstor Kirchner en la Cámara Baja. La tenían amenazada, le hacían la vida imposible. Estuvo a punto de ser intendente de La Matanza por consejo de Terragno y con la boleta de la Alianza. Algunos dicen que le robaron la elección, ¿Se imagina que hubiera sido de La Matanza gobernada por la honradez y la capacidad de Pinky? ¿Las mafias la hubieran dejado hacer lo que había que hacer? Nunca lo sabremos.
Pinky tuvo dos momentos durante la dictadura que la marcaron a fuego. Una vez que le dijo que no a Ramón Camps, el general más sanguinario, y el le dijo que la iba a tirar en un zanjón como represalia. Y después el tema de aquel programa de las “24 horas por Malvinas”. Al principio ella se negó, pero después Cacho Fontana la convenció con un argumento demoledor: “vamos a juntar fondos para los soldaditos que sufren y necesitan de todo”. En el corto plazo, todos nos enteramos que la jerarquía militar y algunos intermediarios se robaron gran parte de las joyas y los bienes que el pueblo argentino había donado generosamente.
Lidia había debutado a los 20 años en el canal 7. Fue la encargada de presentar la transición entre la televisión de blanco y negro a color. Ese día estaba refulgente y con una gran emoción al comprender ese momento histórico para la industria del entretenimiento y la cultura.
Jamás olvidará aquel camarín número 16, esos estudios que ella considera un lugar sagrado y el único consejo que le dieron un minuto antes de arrancar: “Cuando se prenda la luz colorada, habla.” Y asi fue construyendo ese entrañable edificio humano llamado Pinky. Es la madre fundadora de la televisión argentina. Se cansó de hacer éxitos.
Tenía 20 años cuando ingresó a esos estudios. Ahí nació a la pantalla. Si usted hoy quiere disfrutar de sus historias apasionantes y de sus archivos increíbles, en ese mismo canal donde fue parida, en esa misma televisión pública, se la puede ver a las 21 hs todos los sábados junto a Kari Araujo en su programa que se llama “Memorias desordenadas”.
Lidia se hizo Pinky en las pantallas que entraban a nuestros hogares. Fue tan titánica su tarea y su aporte que se convirtió en un pedazo grande de nuestra historia. Lidia fue primero Pinky y después la Señora Televisión. Feliz cumpleaños atrasado para todas ellas. Y que semejantes mujeres sean muy felices.

Más democracia para Bolivia – 11 de noviembre 2019

La ultraizquierda sin votos de los ’70 tenía un lema: “Ni golpe ni elección: revolución”. Hoy aprendimos dolorosamente que la democracia es el sistema menos malo de todos. Que tiene debilidades que habrá que corregir, pero que los problemas de la democracia, solo se arreglan con más democracia. El lema de los ciudadanos más republicanos y honrados debe ser “Ni Golpe ni revolución: elección”. Esto quiere decir que la verdad y el camino está en las urnas y en la soberanía popular. Los militares fascistas solo apuestan a la dictadura y los violentos foquistas le hacen el juego porque son profundamente antidemocráticos y también quieren imponer sus ideas a sangre y fuego.
Hoy y siempre, Bolivia necesita más y mejor democracia. Que se mantenga el esquema sucesorio que marca la Constitución Nacional y que las autoridades que surjan de la Asamblea Legislativa convoquen a elecciones en 60 días. Esos comicios deben ser supervisados por la OEA con el máximo de rigurosidad para que no haya trampas ni fraudes como los que hizo Evo Morales. Su adicción al poder, sus sueños de caudillo eterno fueron castigados primero en las urnas y ahora debe ser la justicia la que lo sancione. No debe ser gratis violar la Constitución y la ley electoral manipulando groseramente el escrutinio.
Evo fue un buen presidente hasta que el síndrome de Hubris le contagió la borrachera de poder. Son populistas que se creen los salvadores de la patria, los únicos que están en condiciones de conducir los destinos de pueblo. Y eso los hace desbarrancar y pasar de ser líderes democráticos que administraron bien el país en casi 14 años a personajes autoritarios que solo tiene el objetivo de eternizarse en el poder. Eso les hace perder el sentido común y hasta la sensibilidad y el olfato popular. Gran parte de los bolivianos lo voto cuando iba por el camino correcto. Bajó la pobreza muchísimo. Mejoró la situación de los que más necesitan y la distribución del ingreso. El PBI creció casi al 5% durante 13 años, bajó en analfabetismo. Fue el primer presidente indígena en un país donde más del 60 % de la población pertenece a los pueblos originarios. Eran tiempos en que ganaba por más del 60% de los votos. Tenía el respaldo de su gente y el visto bueno del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional por su economía ordenada y creciente.
Pero a Evo se le metió en la cabeza los delirios de la monarquía. No le parecieron suficientes 14 años. Empezó a forzar la Constitución y no le alcanzó. Pero miró para otro lado. Llamó a un referéndum y perdió. El “No” a la reelección sacó más del 51% de los votos. Pero ignoró la voz del pueblo. Ya había caído más de 15 puntos en las urnas, pero igual quiso ir por otro mandato y no supo, no quiso o no pudo parir un heredero a su imagen y semejanza. En medio del escrutinio, se dio cuenta que iba a la segunda vuelta y que en esa instancia perdía la elección con el socialdemócrata, periodista y ex presidente Carlos Mesa. ¿Qué hizo? Aceptó el resultado como cualquier personas democrática que se precie de tal? De ninguna manera. Abruptamente dejaron de contar los votos. Se congeló misteriosamente el escrutinio y como por arte de magia apareció un resultado que según Evo Morales, lo daba ganador en primera vuelta. Nadie le creyó. Fraude, gritaron los opositores en las calles y la violencia entre ambos bandos fue creciendo hasta que se desbordó en secuestros, heridos, incendios de domicilios, y por lo menos tres muertos, una verdadera batalla campal con pronóstico de guerra civil.
La Organización de Estados Americanos emitió un informe demoledor. Dijo que las irregularidades eran tan tremendas que hacían inválidas la elección, que hubo falsificación de actas y firmas y que metieron la mano en el sistema informático. De inmediato, recomendó que se llamara a nuevos comicios. Evo reconoció implícitamente la estafa y su delito y aceptó llamar a nuevas elecciones. Pero la violencia en las calles siguió su dinámica cruel y devastadora.
Un fascista civil como Luis Fernando Camacho salió a cazar pobres y morochos. Mesa se mantuvo prudente pero el huracán de los terribles enfrentamientos se lo llevó por delante y un sector importante de la policía se amotinó y abandonó sus lugares, sin la intención de reprimir. Muchos edificios públicos quedaron a merced de la turba enardecida. Domicilios de funcionarios fueron tomados y destruidos. El fuego se hizo incendio. Fue en ese momento cuando las Fuerzas Armadas hicieron su aparición golpista y le recomendaron a Evo Morales que renunciara. Dos reflexiones: La Fuerzas Armadas no tienen que participar de la política y por lo tanto no le pueden recomendar nada a un presidente que es su comandante en jefe. Los militares no recomiendan, deben acatar las órdenes de sus superiores que son las autoridades democráticas. Y el otro tema es que una sugerencia o recomendación de un ejército armado tiene la gravedad de una orden. Por lo tanto hay que destituir a las autoridades militares y juzgarlas por golpistas. Aunque no se hayan levantado en armas contra el gobierno.
Lo extraño de esta situación es que la COB; la poderosa Central Obrera Boliviana, de gran alianza con el gobierno pluricultural de Evo, también le pidió la renuncia para evitar el baño de sangre.
Y Evo Morales renunció. Primero, dijo que era un golpe civil apoyado en algún sector de la policía. Se lo puede escuchar clarito en el audio de su renuncia que pasamos al principio de esta columna. Después, en consulta con otros líderes bolivarianos latinoamericanos empezó a radicalizar su discurso y a decir que había sido derrocado por un golpe militar y que Mesa y Camacho iban a pasar a la historia como racistas y golpistas. El grupo Puebla, reunido casualmente en Buenos Aires pasó de idolatrar a Lula y celebrar su libertad a respaldar a Evo y a condenar el golpe de estado que lo volteó.
Y Alberto se subió a esa movida con la intención de hacer politiquería interna con el drama de los hermanos bolivianos. Sin papeles ni pruebas, personajes como Juan Grabois empezaron a decir que Macri colaboró con el golpe y que Gerardo Morales también tuvo un apoyo logístico. Una gigantesca mentira funcional a su mirada bipolar del mundo que dice: nosotros somos la patria y el resto son golpistas oligarcas de derecha y pro imperialistas.
De hecho, Carlos Romero, ministro de gobierno, clave en el gabinete de Evo recibió refugio en la embajada Argentina. Nadie busca asilo en un país sospechado de haber colaborado con los golpistas.
Alberto Fernández enseguida sacó sus conclusiones prejuiciosas y dogmáticas: “Hay una clase dominante en Bolivia que no se resigna a perder el poder. Evo es el primer presidente que se parece a su pueblo”. No tiene en cuenta la complejidad de la situación en la que la propia central obrera boliviana (que tiene cero de clase dominante) también pidió que Evo renunciara. Y también fue un aplaudidor de las violaciones a la Constitución que Evo hizo primero y de la trampa y el fraude que hizo después.
Alberto y el cristinismo calificó de golpe lo ocurrido en Bolivia, pero no dijo una palabra de los pedidos de renuncia con violencia callejera a Sebastián Piñera en Chile. Esa doble vara también se vió con De la Rúa, reclamó Patricia Bullrich:
“Para ellos, fue resistencia popular contra un gobierno oligárquico. Pero lo de Bolivia es golpe”.
Fue la crónica de una pérdida anunciada de popularidad desde que se empecinó en seguir siendo presidente vitalicio.
La democracia es el menos malo de los sistemas y se basa en la alternancia y en el acatamiento de las leyes. El sistema es tan imperfecto como los seres humanos. Y creo que debe encontrar formas más innovadoras para atender las nuevas demandas de los ciudadanos que con las redes sociales se han convertido en dinamizadores veloces de los procesos callejeros y las protestas. Es imperfecta. Pero es el sistema menos malo y solo se corrige con más democracia. Ni golpe ni revolución: elección.