Celebración del locutor – 3 de julio 2020

Hoy es el día del locutor. Y a nuestros hermanos de radio les quiero agradecer por tanto. Todos los años me gusta insistir, corregido y aumentado, con este humilde homenaje. Primero el reconocimiento para ella, la mejor: Marcelita. Ella decía que era la Mascherano de Leuco. Desde que ganó el Martín Fierro fue, es y será, para mí, la mejor locutora argentina. La que con su alegría borra todo lo malo. Ella, está bancando este proyecto llamado “Le doy mi palabra” desde el primer día. Y gran parte del éxito es gracias a su talento. Por eso me toca a mí decirle, gracias Marcelita. Por la buena onda, la buena voz y la buena mina que sos. Hoy me siento el Mascherano de Giorgi. Ella es la joya, nuestro arsenal, la nave insignia como me gusta decirle. Siento que jugamos de taquito. Yo digo: “fíjese Marcela la hora que se hizo y nosotros hablando tantas pavadas” y cien guiños radiales más y ella devuelve la pared redonda como si fuera Bochini. O su admirado Kun Agüero.
La negra, la tana, Rita Mansur, la doctora Cristina, la diputada Diana No escuchen a Lanata, la que es capaz de llevar a radio Mitre en su garganta, igual que el glorioso y certero Héctor Norberto Tricinello al que ya le hicimos un homenaje o ese genio de los tonos y los matices que hace lo que quiere con sus cuerdas vocales y se llama Marcelo Elorza. Confieso que me alegra la vida cada vez que lo escucho decir: “Fuuuutbolll” o “Casanellllo”.
Y me gustaría que este abrazo radial le llegara a todos los locutores porque, insisto, son nuestros hermanos del aire. Son los que alguna vez sintieron algo que les decía que su voz no iba a ser más su voz. O mejor dicho, que sus voces, iban a ser voces por donde otras multitudes de voces se iban a expresar. La voz iba a seguir siendo una voz propia, tal vez la más profunda, pero también la voz de otros. Hoy quiero ratificar esta declaración de amor a los locutores y las locutoras.
La voz de un locutor debe ser clara, precisa y segura. Con eso alcanza, según el manual, para ser lo que se dice, un buen locutor, un buen profesional. La garganta atenta y educada, la modulación correcta. Para leer noticias, mensajes, temperaturas, encuestas, correos electrónicos, tuits, pedidos de sangre, para presentar discos, chivos, reportajes, invitados, columnistas. Todo eso hace un locutor. Pero con eso no alcanza para ser locutor. Para ser duendes de la radio, la radio les pide más.
Por eso le dan a las palabras alas y colores.
Por eso le dan a las palabras aromas y sabores.
Por eso le dan a las palabras volumen y texturas.
Son voces amigas que se alegran y entristecen junto a todos nosotros. Nos hacen compañía, nos dan una mano. Nos soportan a los que integramos ese extraño e incomprensible mundo de los no locutores.
Por eso le dan a las palabras angustias y carcajadas.
Por eso le dan a las palabras dolores y esperanzas.
Por eso le dan a las palabras magia y sorpresas.
Le quiero contar que yo conozco a los locutores. Los espío desde hace años, me siento cerca de ellos. Los he visto nerviosos por algo que no sale. Sanateando porque se colgó la máquina y las noticias que no llegan. Los he visto tentados de risa por un furcio o por un blooper. Los he escuchados decir pavadas. Los he escuchado decir genialidades. Hablo de la asamblea de ratones que convocan con sus cuerdas vocales de terciopelo Nora Perlé o Marcela Labarca, del estilo filoso y chispeante de María Isabel Sanchez, la Negra Verón, Paola Agostino, Mariel Di Lenarda que como Mitre, siempre informa primero y Natalia López, un lujo que juega en todos los puestos y que prácticamente parió a su hija Esperanza acá en la radio. Y aprovecho para decir una vez más la felicidad que me produjo reencontrarme en el aire de Mitre con Andrea Estevez Mirson. Ella reemplazó a Marcela durante sus vacaciones y sembró el estudio de sonrisas y campanas.
Hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero para nombrar a los que hacen escuela, como Juan Carlos Pascual. O la personalidad y autoridad de Betty Elizalde, que falleció y se transformó en una leyenda. Celebro la transparencia solidaria de Alicia Cuniverti que aparece en nuestro libro “Cuidáte changuito”. Son todas herederas de Rina Morán, las salieris de Beba Vignola.
Hay tantas voces que han quedado grabadas en la memoria colectiva de la oreja nacional. Y tantos maestros como nuestro bendito Cacho Fontana, el de la perfección del acero, o la sabiduría enciclopédica de don Antonio Carrizo que hoy da cátedra en el cielo de las voces o ese socavón que me estremecía del negro Edgardo Suarez cuando decía: “Hola pariente”. Como envidio esos caños esos verdaderos ductos transformados en parlantes como los de “tero” Ricardo Martínez Puente o del querido Negro Luis Garibotti y las ampollas para el cabello o las pulsaciones milimétricas del Negro Albornoz o el legendario Pancho Ibañez, lo que daría por decir: “Alfajor leuquito… Ya probaste el chiquito, ahora proba el grandote”. O “Señor instalador”.
Son los militantes de la tanda, los que hablan desde las tripas con el tono sobrio cuando una noticia es una tragedia, son los maestros de ceremonia que conducen los programas y dicen lo que sienten y sienten lo que hacen. Nos aceleran el pulso cuando viene un último momento. Nos abren las ventanas con el tono luminoso cuando anuncian el ganador de un viaje, dos entradas para ver a Palito, un campeonato, cualquier nacimiento.
Le hablan a nadie a través del micrófono y la hablan a todos. Multiplican las voces amigas. Andrea Montaldo que es locutora y amiga entre otras miles de cosas, del queridísmo Juan Alberto Badía que tanto extrañamos desde que nos clavaba sus flechas a toda la juventud con Graciela Mancuso haciendo escuela.
Conviví y aprendí durante 15 años con el más grande. Un tal Fernando Bravo que siempre está llegando de San Pedro y que hace 40 años que juega en primera creando los climas más emotivos que conozco. Fernando es orgullosamente locutor. Defiende el carné del ISER con uñas y dientes. Años de viajar en tren y de estudiar para lograr ese bendito título habilitante que logró con Julio Lagos de compañero de banco.
Son nuestros hermanos de la radio. Hoy quiero darles un abrazo a todos ellos. Sin ellos no hay radio.
Y uno muy especialmente a dos titanes de la comunicación. Por un lado a ese negro inmenso llamado Hugo Guerrero Martinheitz que está en el cielo y al que le voy a agradecer toda la vida que me haya arrancado del periodismo gráfico. Cuando saqué mi primer libro, me hizo tres entrevistas consecutivas de una hora en su programa de televisión. Al final, miró a cámara y dijo: señores empresarios que están esperando para contratar a Leuco para la radio y la tele. Este señor habla con copete. Que ya mismo deje los diarios y las revistas”. Jamás lo olvidaré. Semejante prócer logró torcer el rumbo de mi vida profesional.
Pero ahora me enteré que el Negro querido también fue decisivo para el destino de otro gigantesco locutor que admiro y que lleva en sus tonos el ADN de radio Mitre. Hablo de Juan Carlos Del Missier. Le confieso que me regocijo escuchando a Juan Carlos en “Vivamos la vida”. Hace una impresionante exhibición de recursos para comunicar. Te hace la vida más placentera, reparte el juego con la pelota al pié y juega con las pausas y el volumen de su voz hasta convertirla en un show radial imperdible. Con los mismos malabares y la misma magia que instala en ese horario misterioso de las madrugadas, “De la noche a la mañana”. Los alumnos del ISER o de las facultades de periodismo deberían escuchar a Juan Carlos Del Missier para saber cómo se fabrica un gran programa en el aire puro de una radio. Tiene un estilo muy popular y para nada chabacano. Me enteré que un día le hizo una entrevista a Martinheitz en su querida provincia de Santa Fé y después, el Negro le dijo que se subiera a su Ford Falcon y lo llevó derechito a la victoria de vivir haciendo radio, lo que más amaba y lo que más ama. Juan Carlos tenía 20 años en ese momento. Se podría decir que Martinheitz lo descubrió. Otro motivo para admirar al Negro y a Juan Carlos en el día del locutor. Guerrero decía que la radio es el teatro de la mente. Es como decir la radio que respira o el micrófono que late. Feliz día, compañeros. Gracias por todo. Y hasta la próxima tanda. Y hasta la próxima magia.

El delirio de Parrilli – 2 de julio 2020

El senador Oscar Parrilli entró en la fase delirante. Según el diccionario de la Real Academia, el delirio es “una confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia”. Sus declaraciones a una radio cristinista y a la agencia del estado camporista, me llevaron a esta conclusión. En sus alucinaciones y pensamientos absurdos, Parrilli, mayordomo político de Cristina, dijo que “Jorge Lanata es al periodismo lo que Alfredo Astiz es a los derechos humanos” y que “hace muchos años que le vendió el alma al diablo y se vistió de periodista para llenarse de plata”. Son tantas falsedades que al principio causa risa, pero también preocupación por su desequilibrio emocional. De inmediato, cuando uno hace un análisis político, se dá cuenta de la gravedad de sus tragicómicas conclusiones. Primero porque Parrilli no habla por sí mismo. Hay serias dudas acerca de si tiene pensamiento propio. Es un lorito repetidor de las órdenes que le da su dueña, la falsamente exitosa abogada que nunca ganó un juicio y que lo perdió varias veces. Eso sí, es inquietante. Porque Cristina tiene poder y lo ejerce con ferocidad. Es vengativa y combate para zafar de todas las causas de corrupción que la involucran a ella, sus hijos y los gerentes del Cártel de los Pingüinos. Cristina tiene una gran capacidad de daño. Es la jefa política de este gobierno. Maneja la justicia, cajas millonarias, ahora los servicios de inteligencia y una tropa de muchachos pesados que son capaces de hacer cualquier cosa. Son fanáticos que están convencidos que ella es una santa y que todos los que la critican son diablos. Por eso Parrilli dice que Lanata le vendió el alma al diablo.
Pero vale pena desnudar lo ridículo de las declaraciones de Parrilli. Debería saber que fue Perón el que dijo “del ridículo nunca se vuelve”. Comparar a Lanata con Astiz es, entre otras cosas, banalizar el terrorismo de estado. Astiz fue un torturador de monjas, un asesino en los campos de concentración y un cobarde a la hora de rendirse en Malvinas sin disparar un solo tiro. Va este recuerdo terrible para los más jóvenes.
El 8 de diciembre de 1977, el entonces teniente de Fragata Alfredo Ignacio Astiz, disfrazado de cordero, fingiendo que tenía un hermano desaparecido e infiltrado con el nombre de Gustavo Niño, tomó el camino de Judas y marcó con un beso a Alice, una de las religiosas, para que la secuestraran junto a 7 personas más. Los franceses no olvidaron y Alfredo Astiz, el ángel de la muerte, fue juzgado en ausencia en Paris y condenado a cadena perpetua. En Suecia, hicieron lo mismo, por la desaparición de la joven Dagmar Hagelin. Un criminal hecho y derecho. Un criminal de lesa humanidad.
Lanata, parece mentira que haya que explicarlo, es el periodista más importante de la Argentina, el que tuvo la valentía y la capacidad de mostrar en vivo y en directo el saqueo del estado encabezado por Cristina, nunca tiró un tiro en su vida, es totalmente pacífico, solo utiliza palabras y valores en su trabajo y desde Página 12 fue uno de los que más defendió los derechos humanos y la búsqueda de los nietos desaparecidos. En esa época, el matrimonio Kirchner no decía una sola palabra en contra de la dictadura, no presentaban ni un habeas corpus, se negaban a ayudar a las madres y abuelas de Plaza de Mayo y llenaban sus bolsillos embargando casas de gente que no podía pagar sus deudas bajo una ley de la dictadura. La diferencia entre Lanata y Astiz, es abismal. Pero además, supongamos que Lanata se llenó de plata. No se si eso es así. Pero si lo hizo, lo hizo trabajando honradamente en la actividad privada. No la robó, como la mayoría de los integrantes del gobierno K, el más corrupto de la historia democrática.
Parrilli es el ariete de este plan sistemático para estigmatizar y atacar a periodistas independientes. Cristina pone las ideas y las locuta en off. El ministro de la propaganda y la venganza, Tristán, elige las caras para escrachar y las imágenes y Parrilli, encabeza el grupo de choque. ¿Cuál es el objetivo? Primero tomarse revancha de todos los trabajadores de prensa que denunciaron el robo del siglo. Meter miedo, intimidar para que nadie se atreve a opinar o a seguir investigando. Pero además de apuntar a la autocensura, el objetivo es encarcelar si es posible a algunos de los periodistas o por lo menos, apuntarlos para que los procesen o para que los grupos de tareas patoteras los provoque y si puede les pegue una paliza o algo peor. Borrar al periodismo de la faz de la tierra es uno, pero solo uno, de los caminos hacia la impunidad y el monumento en su homenaje que busca Cristina.
Por eso Parrilli dijo que Luis Majul, Nicolás Wiñazky y Daniel Santoro, también eran servicios de inteligencia. No se lo cree nadie. Cristina me puso en la mira a mí, a mi hijo, a Lanata, a Nico, a su padre, Miguel, a Santoro, a Baby Etchecopar y a otros colegas que no se callan, ni se venden ni se alquilan.
Hubo fuertes reacciones de entidades que nuclean a las entidades periodísticas y a los cronistas. Joaquín Morales Solá, flamante presidente de la Academia Nacional de Periodismo, fue uno de los más contundentes. En el diario La Nación, ayer, escribió que Alberto Fernández no “se ha pronunciado sobre la campaña de hostigamiento y escrache que afecta a muchos periodistas, aunque es especialmente grave la operación de acoso y derribo contra el periodista Luis Majul”.
Ayer, Marcelo Longobardi, me hizo una entrevista para reflexionar juntos sobre el tema. Yo le dije y lo repito que: “El tema de las escuchas en manos de Leopoldo Moreau es una de las noticias más preocupantes. Ya sabemos la tirria y el odio ilimitado de Leopoldo Moreau en nombre de Cristina de Kirchner contra el periodismo”. Leopoldo Moreau, fue expulsado del radicalismo porque se hizo cristinista fanático y es recordado porque como candidato a presidente llevó al partido de Yrigoyen a los infiernos y sacó apenas el 2,34% de los votos.
Y también le dije a Marcelo que: “Los Kirchner desde siempre, han tenido predilección por los servicios. Quien históricamente espiaba a todo el mundo, incluida su propia tropa, era Néstor Kirchner. El propio presidente Alberto Ángel Fernández denunció en su momento, que Cristina lo estaba espiando cuando se reunía con Julio Cobos. Gustavo Béliz, hoy la mano derecha de Alberto, se tuvo que ir del gobierno y de la Argentina por haber denunciado al jefe de los espías, Antonio Stiusso. Néstor Kirchner se quedó con Stiusso y eligió que Béliz se fuera”.
Todo esto que le digo se puede buscar en archivos porque todo esto es verdad.
Pero, en la mayoría de los casos, la credibilidad de quien dice las cosas inclina la balanza ante gran parte de la opinión pública. Y Oscar Parrilli carece de toda credibilidad por varios motivos. Fue el miembro informante del bloque peronista en su momento cuando se privatizó YPF. Lo hizo en nombre del menemismo y los Kirchner estaban totalmente de acuerdo. Repito: el peronismo privatizó YPY. Después, Parrilli, se dio vuelta en el aire como un panqueque y levantó la bandera de la soberanía energética, para estatizar YPY. Hoy Parrilli, está procesado en la causa por el encubrimiento a los terroristas que dinamitaron la AMIA y lo más grave de todo es su comportamiento genuflexo. Nadie que se respete puede seguir siendo el mayordomo de Cristina que lo trató en varias situaciones de “Pelotudo”. Esa humillación y maltrato, tan típica de los Kirchner demuestra que Parrilli no se respeta a sí mismo y por lo tanto, tampoco puede hacer respetar al pueblo que dice defender. Esa actitud de felpudo lo transformó en un corre ve y dile de Cristina y nada más. A sus espaldas, el resto de los peronistas, se burlan de él. Julio Bárbaro, en su momento, se rió hasta de sus capacidades intelectuales. Dijo que poner a Parrilli en inteligencia era como ponerlo al él, al frente de los melenudos. La fama de Parrilli en la política es por su nivel de obsecuencia hacia sus jefes. Fue así con todos los jefes políticos que tuvo: Carlos Menem, Néstor o Cristina. Él dice que eso es lealtad. Otros opinan que es un intento de reemplazar mediocridad por obediencia debida. Esta es una idea de lo que es Parrilli. Pero la desesperación por complacer a su jefa lo hizo entrar en la fase delirante. Y eso es muy peligroso.

Cristina y Alberto contra todos – 1 de julio 2020

Cristina y Alberto atacan de nuevo. La gran mayoría de sus acciones y declaraciones son contra todos. Es como si el autoritarismo o el patoterismo de estado, fueran una actividad esencial de este cuarto gobierno kirchnerista. No descansan en su agresividad ni en la cuarentena eterna. Gran parte de la sociedad se pregunta: ¿Cuándo volveremos a la fase constitucional?
Casi ningún sector se salva de sus retos, escraches y amenazas. Les están arruinando la vida a los jubilados y a los comerciantes de clase media.
Pero primero van por el resto de los pilares republicanos para quedarse casi con la suma del poder público. Hablo del poder judicial y el legislativo.
Contra la justicia. Desde que sellaron el pacto de impunidad y Cristina le ofreció ser presidente, Alberto Fernández mira para otro lado mientras la reina mueve sus piezas de ajedrez. La ministra Marcela Losardo, apreciada por prudencia y capacidad técnica, está prácticamente pintada. Ni habla ni ejerce como jefa de su cartera. Dicen que no pega el portazo con su renuncia para no provocarle más daño a la erosionada investidura presidencial. Pero la justicia en este país la maneja Cristina con Juan Martín Mena que solo en los papeles es el segundo. Es un ministerio expropiado por Cristina. Copó con sus soldados todos los puestos claves. Carlos Zannini, Horacio Pietragalla, María Laura Garrigós de Rébori, Felix Crous, Claudio Cholakian, Gerónimo Ustarroz, Mariano Recalde, Vanesa Siley, son solo algunos de los más importantes. Ellos tienen el mismo objetivo de lograr la impunidad para Cristina y todos los integrantes del Cartel de los Pinguinos y de paso, hacer desfilar por tribunales a la mayor cantidad de opositores y periodistas independientes que puedan.
Pero eso no les alcanza. Van por la Reforma Judicial y la Corte Suprema. Con una ingenuidad rayana con la complicidad, Gustavo Béliz y Vilma Ibarra, honestos funcionarios, le dieron forma a una reforma que por lo que se conoció, es bastante razonable. Pero, los cristinistas le arrebataron el proyecto. El nuevo, en la interna, es conocido como “La Deforma Judicial”. Estará a cargo de los talibanes de Cristina como Eugenio Zaffaroni y su propio abogado, Carlos Beraldi y tendrá cambios revolucionarios que es la forma que tienen de llamar al chavismo K en los tribunales. Tirar por la ventana a los actuales jueces y fiscales independientes y ampliar los miembros de Comodoro Py y de la Corte es parte de su agenda. Quieren militantes en cada despacho y mayoría automática en el máximo tribunal. Ya avisaron las doctoras Garrigós de Rébori, fundadora de Justicia Legítima y Graciana Peñafort, abogada de Cristina y de Boudou y jefa legal del Senado. Ambas dijeron que no les gusta el funcionamiento actual de la Corte y es como si lo hubiera dicho Cristina. Por lo menos fueron más civilizadas que Hebe Bonafini que propuso directamente tomar la Corte Suprema ante el aplauso de Gabriel Mariotto y hasta del mismísimo Julio Piumatto.
Contra el Congreso.
Cristina no tiene los dos tercios de los senadores y por lo tanto le va a costar muchísimo consagrar a Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación. El próximo jefe de todos los fiscales es la frutilla del postre de la impunidad. De todos modos, a Cristina le importan poco los reglamentos y los límites. Ni siquiera cumple con la mínima exigencia de utilizar barbijo como todos los mortales. Ella va por todo y lo demuestra en cada sesión. Se trataron proyectos por afuera del tema de la pandemia, cosa que no estaba dentro del acuerdo. Y se votó una comisión investigadora ilegal e inconstitucional solo a los efectos de apretar a Vicentín y ensuciar a Javier González Fraga ex jefe del Banco Nación. Lo aprobaron por simple mayoría y encima Cristina dejó mudo al jefe del bloque opositor porque desconectó el sistema remoto.
El maltrato y la soberbia, además son permanentes. Así será difícil acercar algún senador más para juntar mayorías calificadas. Salvo que la billetera del presidente le quiebre la resistencia a los gobernadores opositores y obliguen a sus senadores a votar al lado de Cristina. Sería un escándalo institucional muy grave. Veremos si eso ocurre.
Contra las empresas.
Los casos de Vicentín y Latam son bastante conocidos. A una la quisieron expropiar y la sociedad civil se los impidió. A la otra, lograron fundirla y obligarla a que se vaya del país. La Cámpora en Aerolíneas y Pablo Biró entre los gremios aeronáuticos, le hicieron la vida imposible. Apelaron a “La gran Néstor” que se utilizó tanto en Santa Cruz. Hostilidad permanente hasta obligarlos a vender o a que se vayan.
Lo de Vicentín fue tragicómico. Los setentistas sin votos y La Cámpora celebraron la expropiación inminente como si fuera el Asalto al Cuartel Moncada. Pero Alberto reculó y los dejó colgados del pincel. Hasta Graciana Peñafort, la propia vocera legal de Cristina, prometió una expropiación que hasta ahora no pudieron cumplir. Hacen una lectura equivocada de la correlación de fuerzas. Ganaron la elección pero más de 10 millones de personas van a resistir las “ideas más locas”, como dijo en su momento Alberto. Necesitan más volumen político para avanzar y se les hace complicado por la actitud sectaria y altanera de la vice presidenta. Tal vez recurran a más autoritarismo y ciertos niveles de violencia y eso podría complicar todo. De bronca acusaron a Vicentín de aportar a la campaña de Macri. De inmediato se supo que diez accionistas de esa empresa habían hecho fuertes aportes económicos para la campaña de Cristina y que ella había estado en una inauguración del grupo y que hasta había pedido su parte de acciones. En broma por supuesto.
Pero lo de estos día no es ninguna broma. Acusaron al Banco Nación gestión macrista de la cantidad de créditos que le dieron a Vicentín. Y otra vez, enseguida se supo que durante la gestión de Cristina le habían dado más créditos todavía. No pegan una porque quieren jugar por afuera del sistema.
Alberto los trató de miserables a los de Techint. Pero hace unos días, intentó cambiar el clima anti negocios y felicitó al empresario Marcelo Midlin, durante la puesta en marcha de una planta de generación térmica.
Fue una señal positiva para los empresarios que otra vez destruyó con un tuit una cristinista chavista de la primera hora. Alicia Castro, escribió: “Midlin compró IECSA, del primo de Macri y fue el campeón de los que operaron con dólares y el mecanismo macrista de vaciar al país con sus amigos y cargar la deuda privada sobre la espalda del pueblo. Felicitar a Midlin es como si en Estados Unidos felicitaran a Al Capone” Teléfono para Alberto.
El exitoso desarrollador Eduardo Costantini, durante una video conferencia dijo lo que muchos de sus pares no se atreven: “al gobierno se le ocurren cosas que meten miedo. No será fácil cambiar las expectativas negativas. La economía fue puesta en coma farmacológico. Liberaron personas como Boudou, hablan de impuesto a la riqueza. (Horacio Verbitsky, operador en las sombras de Cristina anunció que lo presentarán el 14 de julio).
Constantini dijo ante la Bolsa de Comercio de Córdoba que todo esto va a producir mayor recesión, sobre todo cuando avanzan sobre Vicentín o cuando dicen que sus planes los van a concretar “por la razón o por la fuerza”. Finalmente confirmó que la clase media va a sufrir mucho porque el efecto económico de la cuarentena va a ser monumental y además Argentina está aislada”. El dato de la caída económica de abril es pavoroso. El 26,4% es el derrumbe más grave de la historia y confirma la hecatombe social a la que vamos.
Contra el campo.
Hubo más de 60 roturas de silo bolsas en las zonas más productivas de la Argentina agropecuaria. Hubo hasta robo de ganado, carneo de corderos e incendio intencional de un par de campos. La queja de los chacareros se hizo escuchar fuerte porque el nivel de impunidad para cometer esos delitos salvajes es total. No hubo un solo detenido, ni un solo sospechoso. Son ataques coordinados cargados de odio ideológico absolutamente irracional. Porque ni siquiera lo roban para utilizarlo. Destruyen los granos pese a que esos productos podrían ser alimentos para la gente, los animales o dólares de exportación, tres cuestiones que el país necesita y que militantes kirchneristas se encargan de destruir. Entre algunos tuiteros K se incentivó para cometer esos delitos como una forma de venganza contra la oligarquía macrista. Pero Hebe Bonafini no tuvo problemas en convocar a semejante irracionalidad y violación de la ley. Los ministros, Sabina Frederic y Luis Basterra descartaron ante los representantes del campo que “se tratara de cuestiones de odio ideológico o por política y militancia”. ¿Cómo saben Basterra y Fréderic que no son militantes cristinistas empujados por la bronca contra el campo o por las órdenes de Hebe que hizo públicas. ¿Cómo saben si nunca detuvieron a nadie? Ojo que este tema tiene otro costado de mucha gravedad. Estos sabotajes en algunos casos dejan a los agricultores sin posibilidades de seguir trabajando o pierden gran parte de su esfuerzo. Lo más grave sería que ante la inacción del estado, muchos quisieran hacer justicia por mano propia. Ojo con eso. Seria producto de una descomposición social de la que sería muy difícil regresar y que nadie quiere.
Todas historias tenebrosas de los Fernández que van por todo y que atacan de nuevo.