Media luna de hiel – 27 de enero 2020

Los políticos dicen que la luna de miel dura 100 días. Que es el tiempo promedio del dulce romance entre un nuevo gobierno y los ciudadanos. Es el período en donde hay que juzgarlos con más benevolencia y con menos carga crítica.
Ya pasaron 50 días. Es decir la mitad de esa luna que, según mi criterio no es de miel sino de hiel. El diccionario dice que hiel es un líquido producido por el hígado que es de color amarillo verdoso y de sabor amargo. Para los que votaron a Cristina, ese sabor amargo no es desilusión ni desencanto porque “esto recién empieza”. Eso es lo que dicen. Para los que no lo votaron, más de diez millones y medio de argentinos, ese es el sabor de la confirmación de que Alberto hasta ahora, tomó los peores caminos y que Cristina es la que manda de verdad en los lugares claves del gobierno, de la justicia, de las cajas de dinero y de los organismos de venganza y propaganda.
No se nota euforia ni esperanza casi en ningún rincón de la patria. Hay expectativas más o menos moderadas para ver como el gobierno resuelve los temas medulares como son la deuda, la inflación, la desocupación, la inseguridad galopante y la pobreza.
El balance no es para nada optimista. No está claro ni el rumbo. ¿Qué hizo Alberto como presidente hasta ahora?
1) Demostrar lentitud y falta de planificación.
2) Privilegiar la destrucción y la derogación de lo que hizo el gobierno de Macri antes que la construcción de su propio proyecto.
3) Anunciar medidas contradictorias para conformar a Cristina y el resto va en zigzag y se cruza todo el tiempo de una vereda a la otra.
4) Respaldar al cristinismo en general y a La Cámpora en particular, para que se queden con las tajadas más estratégicas de poder y despida empleados a diestra y siniestra solo porque ingresaron al estado en los cuatro años de Cambiemos.
5) El peor tic de todos es apuntar otra vez al relato y a lo simbólico que muchas veces los hace caer en el ridículo de gastar energía en temas que no son urgentes ni apremiantes como lo que hizo Kicillof de impulsar el lenguaje inclusivo en los expedientes oficiales, en lugar de poner toda la potencia del estado en atacar el hambre y la pobreza.
No me quiero quedar solamente en la enunciación. Quiero fundamentarlos con ejemplos concretos.
Hace 90 días que Alberto se consagró presidente de la Nación y 50 desde que ejerce y todavía no han designado ni siquiera el embajador ante el Vaticano. Y eso que cuentan con la simpatía ideológica del Papa Francisco y con dos hombres que son muy cercanos tanto al presidente como al sumo pontífice: Gustavo Béliz y Eduardo Valdés. Incluso cometieron el papelón de hacer pública una designación que finalmente no fue designación, porque – según dijeron- el Papa la había rechazado por la condición de divorciado de la persona designada, información que el propio Vaticano desmintió. O sea que todavía no se sabe bien que pasó ahí. Pero seguro que pasó algo muy poco serio.
El mecanismo de toma de decisiones es muy lento y confuso por la presencia de lo que algunos llaman poder bifronte. No hay un plan económico claro ni reglas del juego que la sociedad en su conjunto, conozca y respete. Todo lo contrario: el infierno tan temido de Alberto que el confesó públicamente, es que el poder real estuviera en el departamento de Uruguay y Juncal, donde vive Cristina y el poder formal en la Casa Rosada. Y eso es lo que está ocurriendo exactamente. Solo que algo peor. Cristina elige sus despachos en el Senado o en el Instituto Patria a donde se firmó el pase de mando cuando Alberto viajó a Israel. Esa señal es mucho más que un capricho. Es más grave que decirle a Alberto: “tenés que venir al pie”. Es una forma de ubicarlo, de decirle a la militancia que lo tienen agarrado de los pantalones y que cuando Cristina quiere, le puede infligir un gran año a su investidura presidencial.
Hay muchos ejemplos de toma por asalto de los organismos y dependencias del gobierno. Entraron cantando la marcha peronista, cazando brujas, echando gente y agradeciendo la “resistencia” de los empleados que Macri no despidió. Eso hicieron Tristán en el ministerio de venganza y propaganda, Rosario Lufrano en la Radio y la TV Argentina o Luana Volnovich en Pami o Bernardita Llorente, en la agencia Télam, por poner apenas los ejemplos más notorios.
Los de Sabina Fréderic, fue tragicómico. La ministra de (in) seguridad casi no dejó ladrillo en pié de lo que edificó Patricia Bullrich que había conseguido buenos resultados en su lucha contra los narcos, los barras y las mafias de la política y el sindicalismo.
A Fréderic no se le conoce hasta ahora ningún anuncio hacia adelante. Quiso lavarse las manos con Hezbollah y Nisman y dijo dos cosas que demostraron su ignorancia. Que el grupo terrorista Hezbollah era un problema de la OTAN cuando Argentina fue blanco de atentados criminales y, además, quiso revisar la pericia de Gendarmería sobre el asesinato de Nisman. De los dos anuncios tuvo que recular en chancletas. Apadrinada por Verbitsky y Zaffaroni, toda su tarea fue derogar o dar marcha atrás. Ahora no se pueden utilizar las pistolas Taser que tan buen resultado están dando en varios países del mundo y que hubieran sido claves para evitar la muerte de Fernando a la salida del boliche de Villa Gesell. Por un lado dicen que las cárceles están abarrotadas de presos y buscan el mecanismo para liberar a la mitad y por el otro se oponen a que los delincuentes extranjeros sean expulsados lo más rápido posible. Mienten asegurando que es un tema discriminatorio hacia los nacidos en los países vecinos y la verdad es que estamos hablando de combate a los delitos y no de política migratoria.
Los miembros de la Policía de Seguridad Aeroportuaria no pueden utilizar sus armas cuando estén de franco. ¿De qué se va a disfrazar la ministra cuando los delincuentes se tomen venganza y los vayan a buscar para matarlos como moscas?. Abren la canilla fría y dicen que van a impulsar la legalización de la marihuana y enseguida, ante el susto de un crimen aberrante, abren la canilla caliente y prohíben el consumo del alcohol.
Los argentinos parecemos estar viviendo una odisea de los giles que miramos sin comprender hacia donde van y el gobierno pierde imagen positiva y ritmo porque como escribió Jorge Sigal, parece una administración envejecida prematuramente.
Dan ganas de decir: ¿Y si prueban con gobernar? O no arreglen lo que funciona.
El acuerdo entre los gobiernos nacional, provincial y municipal más sindicalistas y empresarios, fue histórico en Vaca Muerta. Más inversiones, mas fuentes de trabajo, mas crecimiento, mejores sueldos. Ahora, otra vez, todo está en duda. Era una de las grandes locomotoras del crecimiento y ahora Alberto dijo que la reserva de hidrocarburos fue “sobre estimada”. No jueguen con fuego porque la mayor exportación de Argentina va a ser la de argentinos, como pasa en Venezuela.
La ley del conocimiento fue votada por unanimidad. Hubo un amplio consenso en apoyar una industria que genera mucha mano de obra creativa, innovación tecnológica, dólares por un alto nivel de exportación y encima sin ensuciar ni contaminar nada. ¿Quién fue el genio que propuso que esa ley se congelara y no se reglamentara por ahora? La señal hacia los inversores es letal. Les cambian las reglas del juego en el medio del partido. Y no se avivan que ese tipo de empresas, con un click en la computadora se van a otro país. De hecho la mayoría tienen oficinas en varios países del mundo.
En el plano económico prometieron dos cosas, hasta ahora, de imposible cumplimiento. Que iban a encender las máquinas de la productividad y el consumo y que iban a poner plata en el bolsillo de la gente. Por ahora, solo aplicaron un impuestazo que se ensaña con las clases medias urbanas y rurales, congelaron los ingresos de los jubilados que superen los 19 mil pesos y dieron una suma fija muy pobre para las escalas más bajas de la pirámide social.
Van para atrás con el decreto de Macri que prohibía la designación de parientes para evitar el nepotismo.
En lo institucional y en la lucha por la transparencia y en contra de la corrupción, Cristina dejó claro que solo quiere que sus expedientes y los jueces que los llevan adelante se esfumen en el aire y ella queda honrada y honesta como la Madre Teresa de Calcuta. Un milagro por el que mueve sus fichas.
Ricardo Nissen apoderado de sus hijos a cargo de la Inspección General de Justicia. Cristina Caamaño para manejar los espías y los carpetazos. Axel designó a dos funcionarios procesados y por primera vez, por escrito se excusó en lo que llaman la guerra judicial que los persigue. Mercedes Marcó de Pont y Daniel Raposo en la AFIP.Evo Morales hace lo que quiere y convierte al país en un local de su partido político. Hizo un fraude fenomenal en Bolivia, pero no se priva de jugar al fútbol con Pablo Moyano.
Tristán a cargo de la cultura militante y la estigmatización de los disidentes.
Carlos Zannini como jefe de todos los abogados. Juan Martin Mena vigila a la ministra de Justicia, Marcela Losardo.
El hermano de Wado de Pedro al Consejo de la Magistratura.
Camino Vaca Narvaja a la secretaría general con Julio Vitobello.
Luana Volnovich al Pami. Y esto recién empieza. Y como si esto fuera poco, le dieron a Alberto los superpoderes más amplios y arbitrarios para que tenga prácticamente la suma del poder público.
Falta la frutilla del postre que es el juez Daniel Rafecas, como jefe de todos los fiscales. No les va a resultar fácil porque no tienen las mayorías calificadas que necesitan en el Senado. Pero veremos cómo se comporta la oposición. Ese es otro capítulo. Habrá más informaciones para este boletín.
El balance de los primeros 50 días de gobierno, es una media luna de hiel. Amarga y preocupante. Don Bosco, el fundador de los Salesianos decía que “la confirmación de que la victoria de los malos es producto de la cobardía de los buenos”. Y tenía razón.

El holocausto en persona – 24 de enero 2020

Fue estremecedor el ruego y el rezo del presidente de Israel para que todos los líderes del mundo combatan el odio discriminador, el antisemitismo y todo tipo de extremismo. Es igual que decir Shalom y brindar por la paz y la convivencia plural. El día que lo logremos en todo el planeta, recién habremos derrotado definitivamente a la maquinaria nazi, esa fábrica de muerte y racismo. Por ahora son batallas que ganamos desde el humanismo democrático. Una de las más importantes fue conmemorada con ese acto histórico en Jerusalén. Nada menos que la liberación de Auschwitz, el complejo de campos de exterminio más tristemente célebre. Ese es el holocausto, o la Shoá en términos históricos y colectivos. Pero yo le quiero contar el holocauso en primera persona. Con alguien que lo vivió en carne propia y en carne viva. Le pido que escuche con el corazón abierto.
Lea tiene el número 33.502 tatuado en el brazo. El alma se estruja cuando uno ve a esa abuelita de 93 años, a esa bobe con pinta de bobe, marcada como si fuera ganado. Lea se ríe de las arrugas que le surcan la cara y tiene una mirada tierna. Pero jamás recuperó la alegría plena desde aquel día en que el médico nazi Josef Menguele levantó su brazo para que le grabaran a fuego esa cifra maldita: 33.502. Lea dijo que Menguele, tenía “una mano con dedos de araña ponzoñosa”. Era el que experimentaba con los seres humanos como si fueran ratas de laboratorio. Fracturaba huesos del cráneo de los chicos, extirpaba ovarios de mujeres embarazadas, quemaba gente viva para reducirla a cenizas. Era la perversidad atroz disfrazada con guardapolvo blanco.
Ese número maldito inyectado en tinta era la manera en que los nazis identificaban a sus víctimas y en el mismo acto le sacaban su identidad. La convertían en parte de una lista, en un frío número que le quitaba su condición de ser humano. Eso fue lo que Lea sintió todo el tiempo. Los adoradores de Adolf Hitler la degradaron hasta las peores humillaciones. Lea vio con sus propios ojos tristes y sintió el impacto en su cuerpo, los crímenes de lesa humanidad y el intento de exterminio. Ella estuvo adentro de la catástrofe de la Shoá.
Se están conmemorando 75 años desde que el Ejército Rojo liberó el campo de concentración de Auschwitz que es el símbolo más cruel del fascismo.
Es el apellido del Tercer Reich. Por eso se instauró como el día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. En homenaje a las víctimas y a los sobrevivientes como Lea.
Cuando las tropas rusas entraron a Auschwitz no podían creer la magnitud de la barbarie. Primo Levi dice que los soldados bajaban la mirada ante el horror de los hornos crematorios, las cámaras de gas y las montañas de cadáveres raquíticos. Fue una ametralladora macabra de crímenes multitudinarios, la industrialización del asesinato masivo. Y Lea estuvo allí. Lea es una sobreviviente de la Shoá. Ella pudo regresar de la muerte. Lea pudo escapar de la maquinaria perfecta pergeñada por la raza aria, presuntamente la raza superior, que tuvo la responsabilidad de haber concretado el mayor genocidio de la historia de la humanidad. Borraron de la faz de la tierra a más de 6 millones de judíos y a 5 millones de otras minorías como los gitanos, comunistas, homosexuales y hasta discapacitados. Fue el resultado del odio racial y la xenofobia llevados a su máxima expresión. Por eso nunca hay que bajar la guardia y mucho menos ahora que esos disvalores brutales han vuelto a reclutar fanáticos en todo el mundo.
Un psiquiatra y filósofo alemán llamado Karl Theodor Jaspers sentenció que ” lo que ha sucedido es un aviso. Olvidarlo es un delito. Fue posible que todo eso sucediera y sigue siendo posible que, en cualquier momento, vuelva a suceder”.
El Papa Francisco, en el Museo del Holocausto en Israel donde ayer se reunieron más de 30 líderes mundiales, escribió de puño y letra en el libro de visitas:” Con la vergüenza de lo que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, fue capaz de hacer. Con la vergüenza de que el hombre se haya hecho dueño del mal. Con la vergüenza de que el hombre, creyéndose Dios, haya sacrificado, así, a sus hermanos. ‘¡Nunca más! ¡Nunca más!’”.
Lea es polaca y confiesa que cuando siente culpa por haber sido la única de su familia que no murió, se recuerda a si misma que su misión en la vida es hablar de aquella muerte masiva para que nadie olvide, para que nadie niegue, para que nunca más. Todos le dicen Lea pero ella se llama Liza Zajac. Era una nenita cuando vio cómo su madre y su hermanito en brazos, fueron subidos a punta de pistola al tren que los llevaba a la cámara de gas. “Lea, corré” le gritó su madre y ella corrió a escabullirse entre la multitud de prisioneros con trajes a rayas y estrellas de David amarillas en el pecho. En un galpón la desnudaron y la raparon. Era una nenita que no podía ni llorar. Solo miraba un punto fijo y no podía moverse ni hablar. Estaba petrificada, conmovida hasta lo más profundo de su inocencia. La llevaban todos los día a realizar trabajos forzados y levantar piedras, y se había hecho un poco amiga de su compañera, la que caminaba a su lado. Malka se llamaba. Un día, a Malka se le salió el calzado y tropezó. El nazi que las trasladaba, le apuntó con su metralleta y la liquidó en un instante. Malka quedó tirada en el suelo con los ojos abiertos, como preguntando, ¿Porque? Lea tuvo suerte en el medio de esa tragedia inconmensurable. Conocía a una doctora rusa llamada Luboff que era prisionera de guerra y que la protegió como si fuera su hijita. La encontró en la enfermería. Gracias a ella y a Dios, agrega Lea, sobrevivió. Todo eso ocurría en medio de epidemias de tifus, de tos convulsa, de disentería, de botas criminales con la cruz esvástica que pateaban al caído, de alambres electrificados, de chorros de agua helada en la madrugada, de personas reducidas a esqueletos de 30 kilos como máximo. Una recluta austríaca no judía salvó definitivamente a Lea porque la tachó de la lista y en su lugar puso a una enfermera que había fallecido. Lea pasó por varios campos de concentración y pudo regresar a su pueblito de Polonia pero nadie de su familia había quedado vivo. Les habían robado todo. Se habían apropiado de su casa. Lea jamás quiso volver a Auschwitz y nunca se animó hasta que la acompañó un grupo de jóvenes estudiantes de la escuela ORT. Ellos la acariciaban y la contenían a medida que caminaban por esa tierra regada por sangre de millones y convertida en cementerio de multitudes. Todavía hoy tiene pesadillas con Auschwitz. Todavía hoy se le aparece la mirada de su madre con su hermanito en brazos subiendo al tren rumbo al exterminio por asfixia. Todavía hoy se pregunta si eso fue un castigo de Dios o una prueba horrorosa que tenían que pasar. A 75 años de haber sido liberada, todavía no encontró las respuestas. Pero Lea es un huracán de amor y de humor. Le pregunto qué problemas tiene de salud y me contesta que “tiene ramos generales”. Insisto porque la escucho con una lucidez increíble y me dice: “Tengo problemas en la carrocería pero todavía estoy bien de la azotea”, y se ríe. Le hablo de mi padre que tiene 96 años y ella me quiebra de emoción cuando me cuenta que su ídolo “es el tercer Leuco, es decir Diego”. Tiene los ojos cansados de tanto usarlos. Hasta hace poco, esa disminución en la vista le impedía ejercer su única adicción: la lectura de libros de historia. No pudo estudiar, pero hubiera querido ser historiadora. Hoy sigue leyendo porque agranda las letras en su libro electrónico. Parece mágico que se llame Liza y que todos le digan Lea, a una persona que disfruta como pocos de leer. Agradece a la vida por su hijo Héctor, por sus nietos y por una suerte de hija adoptiva que juega a ser con una talentosa mujer amiga de la casa llamada Diana Wang. Jamás olvidará que la primera obra de teatro que vio apenas llegó a la Argentina fue “Los árboles mueren de pié” con Amalia Sánchez Ariño. Lea hizo honor al himno de los partisanos que exige que nunca digamos que esta senda es la final y termina asegurando, orgullosamente, que seguimos estando acá.
Lea es parlanchina, elocuente para defender sus ideas. Tiene 93 años, merece el paraíso, pero hace 75 que salió del infierno.

Spinetta x 70 – 23 de enero 2020

El rapero estadounidense Eminem lanzó su undécimo álbum de estudio, que incluye el tema Stepdad basado en una pista de Ámame Peteribí, una canción del Flaco Spinetta editada en el disco “Pescado 2” de 1973. “Está muy bueno el track de Eminem, obviamente es un sample que fue usado de manera legal y con autorización de la familia, ¡súper orgulloso de que Pescado siga rompiéndola siempre!”, tuiteó Dante Spinetta, compositor e hijo del Flaco.
Que gran regalo y homenaje para un día como hoy. Porque un día como hoy, pero de 1950 nacía Luis Alberto Spinetta. Hoy sería el cumpleaños número 70, de ese flaco eterno que estas en los cielos, santificado sea tu nombre. Hoy flotará en el aire libre el espíritu de El Marcapiel, que en 1988 en el trabajo “Tester de violencia”, nos marcó a fuego el cerebro con ese compromiso de que “todo lo daría/ todo, menos el sol/ Solo quiero sentir la enseñanza/ que da tu amor”.
Hace un par de años, uno de los regalos fue la reedición de aquel primer álbum de “Los Socios del Desierto”, acompañado de un libro de fotos inéditas de Eduardo Martí, conocido como Dylan, fotógrafo personal de Spinetta, amigo de fierro y padre de Emmanuel Horvilleur, el 50 % de Illya Kuryaki con Dante Spinetta, la prolongación creativa de la sangre. Hoy es imposible pensar que aquel disco se grabó en 1995 y recién se editó dos años después porque para las discográficas no era negocio publicar 33 obras del genio de la guitarra y la poesía del rock nacional.
Me gustaría repetir que después de tanta mugre y corrupción conviene abrir las ventanas de nuestras cabezas y dejar que ingrese la luz y el viento fresco de la esperanza. Respirar un poco después de tanta podredumbre. Recordar una excelente noticia que nos ayudó en su momento. ¿Se acuerda?: por votación de los vecinos, el paso bajo a nivel de Avenida Congreso en el cruce con las vías del ferrocarril Mitre fue bautizado “Luis Alberto Spinetta”. Un homenaje de los vecinos de Villa Urquiza a un vecino ilustre que hasta su productora llamada “La Diosa Salvaje” había instalado en la Iberá al 500. Barrio, barrio, como le gustaba decir al flaco. Barrio de medialunas casi caseras en los boliches, de árboles añosos que respiran ecología y salud. Hoy hay un mural extraordinario en la pared del túnel con la tapa de 30 trabajos musicales de Spinetta. Alegran la vista, celebran la vida. No me arrepiento de haber seguido minuto a minuto las noticias de los corruptos que envenenan la democracia. Pero también creo que hay que buscar un pulmón que nos saque de la asfixia.
Ese pulmón creativo se llama Luis Alberto Spinetta. Hoy, el día de su cumpleaños es el día del músico argentino. Está todo dicho. Es una ley que se votó por unanimidad en 2014.
Ya se lo conté alguna vez. Yo era un chico de la música comercial de Palito, el Club del Clan y los demás hasta que un compañero del secundario, el loco Bernabeu, me dijo: ”escucha esto, boludo. Avivate”. Era aquel disco entrañable de Almendra con la lágrima y la sopapa en la tapa. Esa lágrima que hoy es un emblema de lo que sentimos. Por esa puerta de Almendra entré a la música progresiva, descubrí a Manal y a Los Gatos. No sabía que estaba asistiendo a un parto de la historia porque estaba naciendo el rock nacional.
Extrañamos tanto al flaco. Flaco, flaquito tu falta nos descoloca, nos hace tambalear. Es que fuiste un cimiento de mi generación. En tus letras nos hicimos adictos a la poesía y al contenido.
Flaco, flaquito, muchacho ojos de papel, quédate hasta el alba. Me aprendí de memoria aquellas canciones. Me hicieron más culto, más feliz, me dieron mejores herramientas para levantar minas y barricadas en la universidad de los 70. Me lucía recitando a Neruda o a Tejada pero también citando el simbolismo de Rimbaud o el teatro de la crueldad de Antonin Artaud al que convertiste en la obra maestra de nuestro rock. Elevaste a la música popular a aquel poeta maldito y eso que eras un pibe de 23 años entusiasmado con la primavera camporista de Perón y del Tío. Y eso que el militantismo cerrado de la época asociaba el rock con una expresión del imperialismo yanky. Yo jugaba al seductor cantando pícaro y pornográfico, susurrando al oído a las muchachas que me gusta ese tajo y realmente me gustaba. Descubrimos un mundo de belleza, un yacimiento de estética y de ética. Porque seguramente ese es tu legado: se puede ser Gardel sin participar del show frívolo de la figuración y el caretaje. A lo mejor fuiste un poco menos notorio pero mucho más notable. Creciste con nosotros pero nunca quisiste sentar cabeza. Ni transar. Obsesivo hasta el martirio, mortificado por todos los dolores. Siempre el perfil bajo, siempre lejos de las luces de la de la falsedad. Fuiste un gigante amasado con ética y estética.
Flaco, flaquito, te extrañamos. Odio ese cigarrillo que te asesinó. Ese océano de tabaco en donde te ahogaste igual que Sandro. Yo se que a esta hora Ana no duerme preocupada por Fermín. Que Foucault no tiene quien le escriba. Confieso que después de Pescado Rabioso, en algún momento te me fuiste haciendo Invisible. Empecé a perderte por culpa de mis dogmas blindados. Pero te recuperé cuando Charly rezó por vos. Siempre jugando el Superclásico de las antinomias argentinas. ¿Charly o Spinetta? Los dos, carajo. ¿Desde cuándo hay que elegir entre dos genios?
Creo que hubo una despedida en un estadio y no nos dimos cuenta. En la cancha de Vélez tocaste hasta que te sangraron los dedos. Ese recital interminable hasta el amanecer en comunidad. Estabas alegre, incansable, rodeado de la multitud y de tus amigos. No se terminaba nunca. “No te mueras nunca”, te gritaban los muchachos.
Flaco, flaquito, te extrañamos. Fuiste la conciencia crítica del rock. Una suerte de guía espiritual por los caminos de la honradez. La última vez te ví, estabas poniendo el cuerpo solidario como siempre. Con los padres y las madres y los hermanos de los que murieron en la tragedia del colegio Ecos al que fue tu hija Vera. Empujando siempre. Poniendo tu nombre para convocar más y mejor. Componiendo una canción sobre ese drama llamada “8 de octubre”. Usando tu chapa para los demás. Para calmar en algo si eso es posible a los padres del desgarro. Hasta en el comunicado donde confirmaste que el cáncer te estaba acorralando aprovechaste para decir que pertenecías a la agrupación “Conduciendo a conciencia” y rogaste que en las fiestas no chupara el que tenía que manejar. Fijate cuanta sabiduría había en tu mensaje en contra de descontrol de la cerveza y las sustancias prohibidas. Villa Gesell es un ejemplo de como la fiesta del baile se puede convertir en un minuto en un cementerio callejero con un pibe asesinado a patadas.
Hoy, tu apuesta a la salud tiene una potencia inigualable. En la madurez, solías decir que lo verdaderamente transgresor en estos tiempos de cólera, era andar sobrio por la vida, sin drogas y sin alcohol encima. Para poder respirar los aromas de las muchachas y las esperanzas callejeras. Hoy bien vale la pena apostar a tu mirada no pacata pero sensata, no careta pero humanística.
Se quedaron con nosotros para consolarnos Litto Nebbia y Moris y te esperan para una gran zapada Pappo y Tanguito. Nosotros no tenemos consuelo, Flaco, flaquito. No nos queda otra que cantar en voz baja, que despedirte con una plegari, como si fueras un niño dormido que quizás tenga flores en su ombligo.
Flaco flaquito, gracias por ayudarnos a respirar en momentos de tanta contaminación. Quizás te sientas gorrión esta vez, o tus dedos se vuelvan pan, barcos de papel sin altamar. Flaco flaquito, que nadie te despierte, que te dejen seguir soñando en libertad.
Que hoy tu cumpleaños número 70 sea una fiesta del talento y la cultura. Que todos tus amigos se toquen el corazón cuando toquen tus canciones. Flaco, flaquito. Nos marcaste a fuego en la identidad. Nos marcaste la piel para siempre. Y todas las muchachas pasaron a tener pechos de miel. Todas las muchachas…